Leire Guridi, cooperante en Jutiapa, 5

Barreras

Hablamos el mismo idioma, pero no siempre nos entendemos. La comunicación a veces resulta complicada, aparecen barreras y muros que impiden que nos entendamos constantemente. La cultura a veces juega una mala pasada pues los choques culturales tienden a hacerse más presentes de lo que nos gustaría y aunque a veces ponemos todo nuestro empeño en entender al otro, las barreras son tan grandes que no logramos entendernos. Comunicar es fundamental para convivir, comunicar cómo me siento, qué necesito, qué haremos hoy… Sin embargo, cuando esa comunicación se ve influida por diversos factores que escapan de nuestro control, la frustración aumenta y es capaz de levantar más muros.

Por eso repito, el idioma es el mismo; la gramática, las estructuras lingüísticas son las mismas, pero la buena comunicación va más allá de elementos comunes como puede ser la construcción de oraciones. Emplear la interpretación no siempre trae buenos resultados, al fin y al cabo la interpretación es mía, y tú no tienes por qué responsabilizarte de ella, yo tampoco pediría nunca que lo hicieras. A veces las palabras nos están diciendo algo pero el lenguaje no verbal juega en contra de aquello que escuchamos, lo que entra por nuestros oídos y llega a nuestro razonamiento, no acostumbro a tal gesto ¿Qué querrá decir? No siempre es fácil para mí llegar a entender lo que está sucediendo, seguir la conversación sin perderme, descifrar qué quieres decir. Me entran dudas de si la invitación es seria o simplemente compromiso, si se capta la ironía en mis palabras, si tus bromas son las mismas que las mías, si nuestras caras reflejan el mismo sentimiento aunque las muecas no sean idénticas, no lo sé…

¿Y si en vez de tratar de descifrar simplemente me dejara llevar? Las barreras comunicativas existen a diario, más cuando diferentes culturas se encuentran de frente y comienzan a formarse vínculos y a conocer lo tuyo y lo mío, lo nuestro. Por qué darle tantas vueltas al si estaré entendiendo bien lo que me están queriendo decir, no será mejor adentrarse en este mundo tan diferente y comenzar a empaparse de todo lo que hay aquí, tratar siempre de evitar choques provoca no querer desviar la mirada ni un segundo del camino, en vez de admirar el bello paisaje que hay a los lados. Estar en primera línea implica fallar, equivocarse, malentender y replantear todo lo que hasta el momento creíamos, ¿pero no es por eso que estamos aquí? Para vivir lo que tenemos delante y lo que constantemente nos están ofreciendo, para tratar de no rechazar cosas que de normal rechazarías simplemente por los aprendizajes previos que llevas en la espalda. ¡No pienses tanto! ¡Actúa! Existen cantidad de personas que en cuanto te tambalees y flaquees estarán ahí para encaminarte nuevamente por la ruta que sigue al aprendizaje y al contacto directo con todo lo que se presenta ante ti. 

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Irati Sánchez de Arévalo, cooperante en Jutiapa, 3

Honduras: natura, naturaleza

Honduras Euskal Herria bezalakoa da, gune berde ugari ditu, mota ezberdinetako zuhaitzak, izugarrizko hondartza politak eta Euskal Herrian gisa egiten du euria. Beno, Euskal Herrian bezala ez. Sekulako tximistak eta trumoiak daude, zein polita den, eta ordu erdian han egun osoan adina euri egiten du. ´

Ezin gezurrik esan, etxean bezela sentitzen naiz hemen. Ibai ugari daude eta gauero-gauero izarrak ikusten dira, hemen farolarik ez dagoelako. Hemengo etxeak gureetatik oso ezberdinak dira. Pisu bakarra dute eta guztiek dute larre bat edo soro bat inguruan, animaliekin: oiloak, txerriak, txakurrak… naturarekin izugarrizko kontaktua dute eta horrek asko harritu nau. Han, leihoetatik begiratu eta pareko etxea ikusten da, zorte pixka batekin mendi bat urrutira edo itsasoa. Hemen leihotik begiratu eta zuhaitzak ikusten dira, baratzeak. Eskolan adibidez, zuhaitzak zaintzearen eta izatearen garrantzia azpimarratzen duten kartel ugari daude. Zoriontasuna hori ez ote den galdetzen diot nere buruari.

Badakizue Jutiapan ilargia izugarri polita dela? Oso berezia da gauetan zerura begiratzea. Ez dut ilargiaren argazkirik atera, baina argazkia nire buruan gordeta daukat. Azken finean, begiak dira kamararik onena. Kaletxakurrak dira herriaren zaindari, eta gauetan jende oso gutxi ibiltzen da kaletik. Horrek are bereziagoa egiten du guztia. Egia esan, oso-oso txiki sentitzen zara eta naturaren indarraz ohartzen zara, bere handitasunaz. Orduan konturatzen zara askotan presaren gizartean ez dugula astirik hartzen dohainik diren detaile txikiez gozatzeko: ilunabarra, egunsentia, izarrak… Atzo gauean nire bizitzan ikusi dudan ilunabarrik politena ikusi nuen hondartza basati batean zerbezatxo batekin. Inork galdetuko izan balit zein den jaso dudan oparirik onena, zalantzarik gabe horrelako momentuak bizitzeko aukera izatea da. Ba al dago gehiago eskatzerik?

Honduras es como el País Vasco, tiene muchísimo verde y hay todo tipo de árboles, preciosas playas, y llueve como en el País Vasco. Bueno, no como allí. Aquí, truena muy fuerte y los rayos son espectaculares, y cuando llueve, llueve en 10 minutos más que allí en un día.

No puedo mentir, aquí me siento en casa con los abundantes ríos y estrellas que se dejan ver con facilidad ya que no hay farolas ni contaminación lumínica. Las casas de aquí son muy diferentes a las nuestras. Aquí todas son de un solo piso y todas tiene un jardín o una huerta y un establo con animales: gallinas, cerdos, perros… tienen un contacto muy estrecho con la naturaleza, un hecho que me asombra. Allí, cuando miramos por la ventana solo vemos un bloque de casas, y los más afortunados un trozo de mar o montaña. Aquí, cuando miras por la ventana ves naturaleza. En la escuela por ejemplo, hay muchísimos carteles con frases como: “aquel que planta un árbol, planta una esperanza” etc. Viendo esto, me pregunto si esto no es la felicidad.

¿Sabíais que en Jutiapa la luna es preciosa? Por eso, me es muy especial mirar a la luna. No he sacado ninguna foto, pero tengo la imagen bien guardada en mi mente, porque al fin y al cabo la mejor cámara son los ojos, y yo no me quiero perder ni un segundo de esta experiencia. Los perros guardianes cuidan al pueblo donde apenas hay vida por la noche, y eso hace que todo sea más especial. Para ser sincera, te sientes muy muy pequeña en comparación a la naturaleza y es entonces cuando te das cuenta que vivimos en la sociedad de la prisa y que no nos paramos a contemplar los pequeños detalles que nos deja la naturaleza: los atardeceres, los amaneceres, las estrellas… Ayer por la noche vi el atardecer más bonito de mi vida en una playa salvaje con una cervecita. Si alguien me preguntara cuál es mejor regalo que he recibido, sin duda, es el poder vivir estos momentos. ¿Se puede pedir más?

Irati Sánchez de Arévalo, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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Leire Guridi, cooperante en Jutiapa, 4

Un día para el recuerdo

Fuimos a visitar la que será la futura microcuenca de la comunidad de Piedras Amarillas, es decir, la estructura y proyecto que dará agua a muchas familias. Fuimos mis compañeros, el topógrafo y yo, pero también estábamos acompañados (aunque a lo mejor los que acompañábamos éramos nosotros) por un gran número de personas de la propia comunidad que también conforman la junta de agua.

Pues bien, escribo esto porque además de que hacerlo siempre es una buena forma de hacerme presente aquí, porque no puedo permitir que el día de hoy caiga en el olvido ya que ha sido un día muy bonito, lleno de experiencias y aprendizajes. Mi bolígrafo no es capaz de trazar palabras suficientes para describir lo que ha significado el día de hoy. Si me preguntaran, lo podría resumir en una caminata muy larga pasada por agua de más de 11 horas caminando, saltando entre rocas, esquivando maleza y decidiendo por dónde pasarán los tubos de la futura estructura. Pero no ha sido solo eso, ha significado muchísimo más. Despersonalizo y veo personas en medio de la selva, atravesando un río caudaloso mientras se van abriendo camino en el momento, mientras intentan avanzar para continuar con el trabajo. Veo un grupo subiendo y bajando por la montaña mientras se debate sobre el proyecto, mientras se comparte tiempo y esfuerzo. Veo a una persona en un contexto completamente nuevo para ella con gente desconocida hasta el momento pero que le hacen sentir cómoda y segura.

Pero todo lo anterior no es del todo verdad, pues cómo voy a despersonalizar un momento que estoy sintiendo tan profundamente y con una consciencia tan grande. Menuda aventura, me tiembla el cuerpo solo de recordar lo que acabo de vivir, cómo me he zambullido en el río sin pensarlo dos veces, cómo he subido la montaña, descendido por tierra mojada y atravesado tal vegetación. A lo mejor para el resto ha podido significar un día más en su trabajo, en su hogar, pero para mí ha significado un momento único. Nos hemos arañado las piernas, agarrado garrapatas, hemos estado con la ropa mojada más de medio día y todo ha merecido la pena para vivir tal experiencia. El día de hoy me ha permitido sentirme parte de algo, formo parte de algo más que de mí misma.

He podido introducirme en una comunidad, comer arroz con pollo en mitad de la montaña y beber un café extremadamente caliente, agarrarme del bastón de un nuevo compañero para descender una pendiente de una forma más segura, cruzar miradas llenas de complicidad y andar en caballo por unos paisajes inimaginables. Me siento agradecida con la presencia de todas las personas que estaban hoy, que me han tendido la mano para saltar hasta la siguiente piedra, y es que esa mano tendida significaba mucho más que un gesto físico para no caer al río.

Llegó la bajada y nos pilló la lluvia, resguardados en un establo, todos en silencio, un silencio bien ruidoso por el impacto de las gotas de lluvia contra la chapa y una tormenta tan fuerte que parecía que el cielo se iba a caer. Un cansancio infinito y pesado después de tantas horas, pero un momento especial que también se comparte, como todo lo demás. Unos comentarios que nos recuerdan por todo lo que pasamos hoy, anécdotas que se quedarán siempre en nosotros, y es que ya no somos «yo», pasamos de ese «yo» para acercamos al «nos», al grupo, al compañerismo, a la fila de personas que avanzaban por la montaña. El pronombre nosotros cobra mayor sentido ahora.

Por fin llegamos a la comunidad, con ganas de llegar a casa, darnos una ducha y poder acostarnos. Llegamos más de 11 horas después de haber comenzado la travesía, y una de las personas de la comunidad nos invitó a cenar. Tres cuerpos fríos, mojados y cansados cenando en el patio de una casa mientras la lluvia no da tregua y se va haciendo de noche, tres personas con hambre y que comparten un momento especial después de un día duro de trabajo pero con el corazón lleno. Y así es cómo finaliza un bonito día, en compañía de las mismas personas con las que comenzó la experiencia, las mismas personas pero con cara de cansados ahora, con la ropa mojada y con un montón de historias que contar y trabajo con el que seguir.

El día ya puede terminarse por horario, pero este día jamás termina dentro de mí. El día ha terminado, un día que empezó muy temprano, un día largo lleno de sensaciones, pero yo no puedo parar de revivirlo en mi cabeza una y otra vez. No puedo esperar a llevar conmigo esta experiencia en mi nueva mochila, esa de la que bien hablaba al principio, la que iba llena de incertidumbre. Ese peso ya se disipó, ahora está vacía y preparada para cargarla de cosas importantes y esta lo es, esta experiencia va directa a la mochila, y pesa también, pero es un peso satisfactorio, uno de esos pesos que te hacen aterrizar y poner los pies en el suelo, que te recuerdan dónde estás, a qué has venido, qué es lo que importa de verdad, que te recuerda la verdadera esencia de lo que es comunidad.

Leire Guridi, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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Irati Sánchez de Arévalo, cooperante en Jutiapa, 2

Cuántas cosas se han callado en el nombre de la paz

Oraindik ez naiz ohitu kaletik ibili eta kristal blindatuak dituzten autoetatik irtetzen diren bozina hotsetara. Oraindik ez naiz ohitu kaletik gizonek “hermosa”, “bella” eta horrelakoak esatera. Oraindik ez naiz ohitu 15 urteko emakumeak haurdun ikustera. Oraindik ez naiz ohitu emakumea haurdun utzi eta alde egiten duten gizonak topatzera. Oraindik ez naiz ohitu homosexuala izatea ia delitua den herri batean bizitzera Bai, hau guztia eta askoz gehiago gertatzen da hemen, eta gustatu ala ez nahigabe nire kulturarekin eta pentsamenduekin konparatzen dut. Euskal Herrian berdintasunik ez dagoela argi badugu, ez dakit hemengo hau nola definitu. Hasieran, hasarratu egiten zara gizonek kaletik lasai ibiltzen uzten ez dizutenean. Hasarratu egiten zara nahi bezela jantzi ezin duzunean. Haserretu egiten zara emakumeak umeak izateko makina bat gisa tratatzen dituztenean. Haserretu egiten zara salatu gabeko eraso ugari daudela ikustean. Baina, zertarako balio du haserretzeak? Haserretzeak ez du ezertarako ere balio. Gainean dituzun zure munduko betaurrekoak kentzen dituzunean ohartzen zara, badaudela emakume iraultzaileak, badaudela euren egoeraz kontziente izan eta hori partekatzen duten emakumeak eta badaudela euren egoeraz hitz egin eta emakumeari behar duten espazioa emateko antolatzen diren emakumeak. Izugarrizko sare polita dago hemen eta izugarria da hau ikustea. Izugarria da txikia nintzela bortxatu ninduten esaten duten emakumeak entzutea. Izugarria da euren senar edo gizonek abandonatu eta euren seme alabak aurrera atera dituzten emakumeak topatzea. Asko dago egiteko, baina bide onetik goazela ematen du. Azken finean, konturatzen zara ni eta hemengo emakumeak ahizpak garela eta denok bilatzen dugula berdina: errespetua, berdintasuna eta askatasuna. Orduan konturatzen zara egiten ari zarenak zentzu bat duela eta haserretzeak ez duela ezertarako balio.

Gora emakumeak!

Todavía no me he acostumbrado a los bocinazos de los coches con los cristales blindados. Todavía no me he acostumbrado que los hombres me griten “hermosa” o “bella” por la calle. Todavía no me he acostumbrado a ver a niñas de 15 años embarazadas. Todavía no me he acostumbrado a ver que los hombres abandonan sin razón a sus esposas embarazadas. Todavía no me acostumbrado a entender que ser homosexual en un país así sea casi ilegal. Sí. Todo esto y más ocurre en Honduras, y aunque quiera no puedo evitar compararlo con mi cultura y pensamientos. Si en el País Vasco no hay igualdad de género, imaginaos aquí. Al principio, te enfadas cuando no te dejan caminar por la calle con tranquilidad. Te enfadas cuando no puedes vestir como quieres. Te enfadas cuando ves que la mujer no es más que una simple máquina de reproducción. Te enfadas cuando ves que hay miles y miles de abusos sin condenar ni denunciar. ¿Pero vale la pena enfadarse? No, enfadarse no vale nada. Todo cambia cuando te quitas esas gafas que traes y empiezas a ver que hay mujeres revolucionarias, las cuales son conscientes de su situación y la comparten. Entonces te das cuenta de la gran red de mujeres organizadas que hay para condenar todas estas injusticias que ven es su país. Hay una red preciosa. Es precioso ver mujeres hablando de cómo fueron violadas y cómo lo superaron. Es precioso ver mujeres que salieron adelante con un montón de hijos porque sus maridos, esposo o lo que fuere, las abandonaron. Todavía hay mucho que aprender, pero vamos por buen camino. Al final, te das cuenta que tú no eres tan diferente a las mujeres hondureñas y que todas buscamos lo mismo: igualdad, respeto y libertad. Y entonces te das cuenta de que todo lo que aquí haces tiene sentido.

¡Viva las mujeres!

Irati Sánchez de Arévalo, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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Leire Guridi, cooperante en Jutiapa (Honduras), 3

SERSO Honduras

Tomás Euceda, Leire Guridi y Danilo Hernández

Aquí todo es nuevo para mí, cada día es un nuevo comienzo y aprendo y veo cosas desconocidas que se abren como un gran abanico de posibilidades que experimentar y vivir aquí. La comida es completamente diferente a lo que acostumbro, no solo lo que comemos en casa, si no la gran variedad de frutas que puedes encontrar y descubrir a medida que caminas por las comunidades. Ir probando diferentes frutos exóticos que tienen sabor ácido, amargo o dulce, cualquier árbol que te encuentras te puede ofrecer algún regalo. Las personas que me rodean me ofrecen probarlos y aunque no siempre me muestro muy dispuesta a ello, trato de descubrir esos nuevos sabores que se van presentando.

El paisaje, aunque a ratos puede resultar familiar, también se presenta como una estampa diferente y admirable ante mis ojos. Poder observar desde tal altura las montañas, tan verdes y llenas de vegetación se graba en mis ojos y en mi memoria deseando que esta imagen nunca salga de mí. En ocasiones tengo la suerte de poder hacer excursiones con los compañeros de SERSO, ellos conocen lugares increíbles que mostrarme y caminamos entre la naturaleza compartiendo tiempo y presencia. Los caminos son perfectos para andar, y nunca pierden esa esencia verde e idílica; si además a esto se le suma el tiempo compartido, acaban tratándose de planes inmejorables que provocan cercanía, compañía e historias fascinantes. Una tarde llegamos a la cima de la montaña coincidiendo con el atardecer, los colores que pude observar junto con la caída del sol que sobrevolaba Jutiapa fue una de las estampas más bonitas que he visto en mi vida. El naranja se mezclaba con el azul del cielo dando paso a un color rosado que resaltaba entre las nubes como si de una película se tratase. No podía parar de admirarlo, y es que la naturaleza está tan presente en este lugar que poder compartir tu vida tan de cerca con ella provoca sentimientos que el gris de la ciudad acaba aplacando. No me cansaré de resaltar lo inmensa y a la vez tan pequeña que me siento cuando estoy tan rodeada de vegetación, como cuando voy en la paila del coche hacia las diferentes comunidades y todo lo que rodea el camino es verde, y las ramas dejan espacio para que entre el sol, y tus ojos verdaderamente no pueden creer que seas tú la que de verdad está viviendo esto.

Jutiapa (Atlántida – Honduras)

Todo lo que cuento es real, es verídico, todo lo que estoy viviendo y aprendiendo se hace enorme ante esta experiencia. Pero no puedo olvidar que no podría estar viviéndolo de esta forma si no fuera por lo bien rodeada que he estado desde el principio. El trabajo en SERSO siempre es mejor gracias a las personas que lo conforman, a su implicación con la comunidad, por hacer de este lugar algo mejor. Por lo dispuestas que están siempre a conversar conmigo, a hablarme de experiencias personales e impersonales, a hacerme sentir como en casa, porque durante toda esta experiencia ellos están siendo casa para mí. Espero poder estar aportando algo yo también, pero trato de no pensarlo en exceso pues lo que estoy recibiendo multiplica cualquier cosa que yo podría ofrecer. Las experiencias siempre son mayores cuando se comparten, y la palabra compartir rebota a diario contra mi pecho. Las visitas a las comunidades me permiten conocer a personas nuevas que me reciben con una sonrisa y me permiten adentrarme en la realidad ajena, en sus casas, en su familia, en su iglesia, y yo solo puedo agradecer tanta hospitalidad y cercanía. Aquí siempre hay plato para alguien más, siempre hay comida para que tú comas y una silla para que te sientes y charles con tranquilidad. Aquí lo tuyo es mío, y también de él y de ella, aunque haya escasez, aunque falte, siempre hay espacio para ese recién llegado. También hay mucho amor, mucha cercanía y muchos abrazos, te sonríen con los ojos entrecerrados y los niños y niñas en seguida transmiten su ternura a través de sus abrazos. En un principio tanta hospitalidad me abruma, todo lo que se te ofrece, todo lo que se te sirve, las tantas personas pendientes de que no te falte de nada, antes de que pongas el pie en la casa, la silla ya está preparada para ti, aunque vayas para poco tiempo, aunque acostumbres a estar de pie.

Experimentar aquí se siente bien, todo es novedad y aprendizaje diario, todo sabe a nuevo y todo se agradece el doble. Como bien nos dijo una persona que nos cuida en la distancia, “al final lo que queda es el cariño que ofreces y que recibes, no los lugares que visitas”.

Leire Guridi, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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