Las mejores películas de cine espiritual de 2016

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Poveda

En la pantalla la historia de un santo del convulso comienzo de siglo XX en España. Un cura pedagogo, pastor y anticipado a su tiempo, que comprendió la gran herida de una época donde la incultura abrió el abismo de las batallas. Un visionario creyente del papel de la mujer en el giro imprescindible de la violencia al cuidado. Tras la cámara un realizador que acostumbrado a la austeridad hace de la necesidad virtud y mueve los hilos de un tapiz sencillo pero donde la mirada reposa. Ante las cámaras un grupo de actores que creen en el proyecto de un montaje, más bien televisivo, al que las televisiones no quieren apoyar. Un brindis por este trabajo honesto, en sus limitaciones, que merece más oportunidades.

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Falling

La directora de “Buscando a Eimish” (2012) filma desde la conciencia. Esto no quiere decir que sean películas concienzudas en el detalle técnico o en el guion. “Falling” es una historia de un amor perdido, olvidado, malcurado. Él llamado -como el Jesucristo de Narnia- Aslan, con un Birol Ünel que traspira autenticidad, ella llamada Alma, con una Emma Suarez grande, que está a la altura de la almodovariana Julieta. El culpable de la ruptura viene de nuevo a provocar al amor enterrado en Alma. Cuando todo parece una operación de reconquista, los clichés de lo esperado en telenovelas saltan por los aires. Nada es ni sencillo, ni tan predecible. ¿Puede salvarse el amor? O mejor ¿puede salvar el amor? Mientras, en el duelo interpretativo, cuando los dos protagonistas, en su mano a mano, cara a cara, no pueden mirarse el uno al otro, levantan imperceptiblemente los ojos al cielo.

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Spotlight

Película importante y dolorosa que se estrenó con el año y que cosechó los Oscar a mejor película y guion original. La historia sobre el equipo de investigación del diario Boston Globe nos presenta su indagación sobre los abusos a menores por parte de sacerdotes en una de las diócesis más importantes de EEUU. Narrada como una descripción objetiva, muestra los pasos que va haciendo el grupo de periodistas para desvelar el silencio de las víctimas y los mecanismos de encubrimiento de la iglesia católica y de la sociedad en general. “No hay nada oculto que no haya de descubrirse, ni nada secreto que no se tenga que conocer” (Lc 8,17). La verdad siempre tiene una función curativa tanto para las víctimas como para las instituciones religiosas y para toda la sociedad. Corruptio optimi pessima, la corrupción del mejor engendra lo peor. La responsabilidad de los que tienen que velar sobre los débiles cuando encubren sus abusos exige la conversión y la reparación. En este sentido, Spotlight es un buen mensajero.

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Si Dios quiere

Una comedia a la italiana divertida y con fondo. Un nuevo Don Camilo y Peppone en este caso con un cirujano ateo al que su hijo le confiesa que quiere ser seminarista y un cura que tiene madera de líder a pesar de un pasado difícil. La propuesta nos permite pasarlo bien y de paso repensar los prejuicios y la importancia de no dejarnos llevar por ellos. La relación entre ciencia y fe en los dos antagonista no es tanto el centro de la trama sino más bien la amistad como experiencia de ayuda mutua. Demasiado fácil el estereotipo del ateo, sin embargo, deja un sabor de verdad que hace atractivo el relato.

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The Vessel

Una obra de la escuela de Malick. Uno de sus discípulos, Julio Quintana, compone este film-parábola sobre la intensidad de la desolación y el sacrificio de la esperanza. Con las mismas consideraciones formales de su mentor, cuenta con la belleza de los planos que se convierten en símbolos, la intensidad de la tragedia, el dialogo tenue contrapunteado con la voz en off y la intensidad de la banda sonora. Tras diez años de la tragedia de un maremoto una aldea portorriqueña sigue en la tristeza de la devastación. Tras la muerte de 46 niños de la pequeña escuela, las mujeres se niegan a quitarse el luto y a tener hijos. Resistiendo el temporal el sacerdote local, impresionante Martin Sheen incluso en su castellano, intenta, tan repetida como fracasadamente, aportar un poco de luz, desde una iglesia a la que ahora ya no entra nadie. Allí un joven resucitado Leo, que cuida de su madre enloquecida, se convierte en el verdadero protagonista como una extraña imagen crística. El navío será la señal para no hundirse en el mar del dolor donde hay una salida inesperada donde lo humano se encuentra con lo divino.

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Human

Tres son los grandes ejes de este documental del fotógrafo y cineasta Yann Arthus-Bertrand. El más significativo es el testimonio del rostro. En primeros planos van pasando mujeres y hombres, niñas y niños de todas las razas, religiones y países. Sobre un fondo negro la mirada se fija en las emociones y en las palabras que en forma de confesión nos hablan de la felicidad y el sufrimiento, de la violencia y el amor, del trabajo y de la familia. El segundo eje son las imágenes aéreas del mundo y la humanidad. En ellas se recoge la belleza de las formas del mundo, los paisajes que acompañan a los hombres, la dureza escondida del medio natural, el color deslumbrante en sus variaciones de Oriente a Occidente, de Norte a Sur. Y sobre el fondo de la mundanidad, la comunidad, los seres humanos como colectivo que respira formando un cuerpo que va desde los aficionados al fútbol o la música a los ejércitos, de los devotos a los que levantan un “castell” humano. Los seres humanos que habitan en la tierra. El último es la banda sonora compuesta por el músico francés, de origen marroquí y nacimiento en Jerusalén, Armand Amar. Su aportación nos muestra la diversidad de las músicas del mundo traspasadas de una potente fuerza espiritual que llega a mostrar la dimensión sagrada del canto que se hace danza y que acompaña el viaje por la humanidad su supone “Human”.

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El Hijo de Saúl

El joven cineasta húngaro vuelve a abrir la herida y nos trae de nuevo a visitar Auschwitz en un descenso hacia el mal radical. Sus opciones estéticas resultan de una admirable coherencia con el que dolorosamente nos muestra, la sombra alargada de Béla Tarr, de quién fue ayudante de cámara, marca estilo. La narración en primeros planes deja al fondo el horror y nos muestra sus devastadoras consecuencias en las personas. El acompañamiento de la cámara a las espaldas del protagonista deja el espectador con la muerte en sus talones. El magistral fuera de campo, no sólo señala la línea no traspasable, no harás ficción de la verdad más penetrante, sino también nos muestra que afecta más aquello que no se ve. El sonido estremece sustituyendo las imágenes para señalar la máquina de matar que tritura los seres humanos. Poderosa llamada la reconocer el misterio de la iniquidad.

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Hasta el Último Hombre

Excesiva y genial. Mel Gibson es un hombre de extremos, pero la fe de sus personajes forma parte de su denominación de origen. El soldado sanitario Desmond Doss se niega por motivos religiosos a coger las armas durante el final de la II Guerra Mundial, pero se convierte en un héroe salvando las vidas de sus compañeros heridos e incluso de sus enemigos. Las convicciones pacifistas del protagonista, sorprendente un Andrew Garfield reconvertido de Spider-Man en un contenido y profundo objetor, brotan de una experiencia dura marcada por un padre maltratador y traumatizado por la guerra. La biblia se convierte en una bandera blanca en mitad de la sangre de los cuerpos rotos por las armas. Las lanzas pueden convertirse en podaderas. Lástima que algunos dejes patrioteros y de las concesiones al gore velan, solo en parte, un gran ejercicio de cine y de fe.

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Las Inocentes

La directora francesa realiza su mejor película en este drama sobre mujeres entre el horror y la vida. Una comunidad de monjas de clausura polacas que han sido agredidas y violadas por soldados del ejército soviético al final de la II Guerra Mundial. Una enfermera agnóstica de una misión médica del ejército que se presta a ayudarles compartiendo su sufrimiento. La desorientación de la priora que queriendo soslayar el mal, lo multiplica. La vida que ayuda a la fe a salir adelante desde la maternidad como fuerza trascendente. El encuentro de cristianos, judíos (el doctor enamorado) y agnósticos entre el dolor y la compasión. Las monjas ayudadas por la generosidad valiente de la joven sanitaria a la que reconocen como un don y ella misma bendecida por este encuentro y su relación con aquella comunidad de orantes heridas. Los pequeños recién nacidos como una irrupción de la luz que permite mirar hacia adelante antes que recordar un pasado traumático. Una canción a la vida que no solo es biología sino que sabe a eternidad.

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Sully

Nuevamente Clint Eastwood, con sus 86 años, en lo alto de la lista. No se trata de una de sus obras maestras pero es una gran película. La presentación de un modelo ético de referencia en Sully, el piloto que hizo amenizar su nave en el río Hudson. 208 segundos es el tiempo para tomar una decisión ¿fue la correcta? La investigación posterior al accidente nos permite situarnos ante lo determinante del factor humano, en su vulnerabilidad pero también en su dignidad. La actuación de Tom Hanks en el capitán Chesley “Sully” Sullenberger resulta conmovedora. El héroe humilde que sabe colaborar y que afirma que no hizo más que lo que tenía que hacer, como el siervo inútil del Evangelio.

Selección y comentarios de Peio Sánchez