Recordando el viaje a Lampedusa

«Buscad continuamente el rostro del Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro» (Sal 104)

Este encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros, discípulos del tercer milenio. Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino. Y este encuentro también se convierte para nosotros en un tiempo de gracia y salvación, confiriéndonos la misma misión encomendada a los apóstoles.

Hoy se cumple el séptimo aniversario de mi visita a Lampedusa. A la luz de la Palabra de Dios, quisiera reiterar lo que dije a los participantes en el encuentro “Libres del miedo”, en febrero del año pasado: «El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos. Y si todavía tuviéramos alguna duda, esta es su clara palabra: “En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40)».

Papa Francisco

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12 de junio – Día Internacional contra el Trabajo Infantil

No pueden ir al colegio, apenas tienen tiempo para comer, no descansan ni los fines de semana y no saben lo que es jugar con otros niños y niñas. Son las consecuencias que sufren 152 millones de menores que son víctimas del trabajo infantil en el mundo y que deberían estar en la escuela y no realizando actividades de adultos, ya que en casi la mitad de los casos, 73 millones, realizan actividades peligrosas para la salud. En tiempos de coronavirus la situación es aún mucho más difícil para ellos porque siguen explotados y sin medidas de seguridad o sobreviven abandonados en las calles.

Los menores son una mano de obra barata y silenciosa. El trabajo infantil supone un niño alejado de su familia, al que maltratan… un trabajador silencioso y obediente porque no conoce sus derechos ni tampoco otra realidad. Pero detrás de las cifras del trabajo infantil hay infancias que han dejado de serlo. Niños y niñas que realizan trabajos que no les corresponde, que se convierten en adultos antes de tiempo.

Cargar mercancías en las estaciones, vender en la calle, trabajar en el campo, en las fábricas, en las minas o como servicio doméstico son algunas de las ocupaciones que realizan los menores en el mundo y que les privan de ir al colegio y de disfrutar su infancia. La pregunta a un menor nunca debería ser ¿estudias o trabajas?

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GRAFITIS de JESÚS

Un graffiti o grafiti es una inscripción o dibujo que se realiza en un lugar público, por lo general sin autorización. Los grafitis suelen desarrollarse en paredes, esculturas, estatuas, etc.

Los orígenes de los grafitis se remontan a la Antigua Roma. En ruinas que quedan de aquella época, se han detectado inscripciones que habrían sido creadas de manera espontánea, con intención crítica o satírica.

Los grafitis pueden ser manifestaciones artísticasexpresiones políticasdeclaraciones de amor o contenidos de cualquier otro tipo. En la actualidad, suelen crearse con pintura en aerosol, aunque pueden emplearse otros materiales de acuerdo a la técnica elegida.

Trasteando por la red me he ido encontrando una serie de grafitis que mencionan el nombre de Jesús. Me ha parecido interesante el poder incluir algunos de ellos en el blog.

En la página https://sanviator.net/multimedia/grafitis-de-jesus/ podéis encontrar más de un centenar de grafitis.

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Jairo Alberto, misionero en Kenia

“Que Dios nos de ternura para abrazar lo que no sabemos gestionar”

Kibera, en Nairobi (Kenia)

Les quiero hablar de Mustafá, el señor que recoge las basuras. Ah, pero eso no se entiende si no les cuento también sobre Kibera, el barrio cerca a la casa en que vivo aquí en Nairobi: es una zona de tugurios, es un laberinto de casas de lata, y claro, no hay servicios públicos, el problema de las basuras es difícil de gestionar y sencillamente, no sabemos qué hacer con ellas.  

Pues a Mustafá, que además es musulmán y que reza cinco veces al día y que lee con unción el sagrado Corán, se le ocurrió ofrecer sus servicios para llevarse las basuras y botarlas bien lejos. Al poco tiempo tenía muchos clientes y tuvo que llamar otros para que le ayudaran. Así fue que, sin planearlo mucho, resultó fundando una empresa y pagando salarios a otros y ahora hasta tiene un carro para facilitar su trabajo.

Un día de estos, vino Mustafá a la casa a cobrar sus honorarios y lo invité a que nos tomáramos un té, y así empezamos a hablar de su trabajo y de las basuras. Queriendo captar su benevolencia, empecé diciéndole que me parecía duro y pesado su oficio, y todo eso por lo complicado de la suciedad, de los olores, y de ir casa por casa sacando desperdicios y tener que llevarlos bien lejos. Nunca me esperé la sabiduría con la que Mustafá me respondió.

Para sorpresa mía, descubrí que Mustafá amaba su tarea y que era además “apasionado” de las basuras, sí, así como suena, apasionado. Me dijo que las basuras le daban su sustento y el de su familia y que gracias a ellas podía ayudar a otros a conseguirse la vida. Mi huésped me dejó del todo admirado cuando muy convencido recalcó que “los desperdicios no son desperdicios, a no ser que los desperdiciemos” (waste is not waste, unless is wasted). Y así, me explicó que todo en las basuras era fortuna, que cada cosa podía ser transformada y volverse útil y fuente de riqueza y que incluso alrededor de los botaderos había “mafias” que se peleaban para obtenerlas y que esto los ponía en peligro a él y sus colaboradores.

Mustafá, el buen seguidor de Mahoma, me recordó el Evangelio de Jesús, la Buena Noticia. Oírle hablar así ponía otra vez el sermón de las bienaventuranzas en mis orejas. Jesús en la montaña, como Mustafá por las casas del barrio, “recicla” todas esas cosas de las que nosotros queremos sólo deshacernos: la pobreza, las lágrimas, las pérdidas, el hambre, la sed, las incomprensiones; y nos dice que en realidad todo esto esconde un tesoro de alegría y que allí se oculta la vida misma. En esta lógica de la sabiduría, la de Jesús y la de Mustafá, la que Dios destila en el corazón de los que aman, todo es ganancia y nada se pierde: todo es gracia.  

Todo, eso que nos hace llorar, eso que no logramos, eso que nos humilla, eso que vemos como negativo, eso que llamamos pecado, eso que nos avergüenza, todo es fortuna y se vuelve desperdicio sólo si lo desperdiciamos. Eso mismo también lo han concluido otros como Pablo cuando decía que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”, o Antoine Lavoissier, cuando sentenciaba que “nada se pierde, nada se destruye, todo se transforma”.

Sé que en mi vida y seguramente en la de ustedes hay muchas cosas que quisiera botar y no ver más, y ahí tal vez esté el obstáculo más grande para ser feliz y vivir a plenitud.  Qué tal si en estos días le pedimos a Dios que no dé paciencia y ternura para abrazar todo lo negativo; que nos dé, aunque suene feo, “pasión por las basuras”, por todas esas cosas que nos encartan y que no sabemos cómo gestionar; y que por ahí empiece la transformación que tanto deseamos.

Religion Digital
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Día de Oración por la Humanidad

“Hoy es un día de fraternidad, de hombres y mujeres unidos, rezando a un mismo Padre”

¿Cómo que no se puede rezar al Padre de todos?

“Tal vez habrá alguno que dirá ‘Esto es sincretismo religioso’”, advirtió Francisco. “¿Cómo que no se puede rezar al padre de todos? Que cada uno rece como sepa. No estamos orando unos en contra de otros, ¡no! Estamos unidos como hermanos, como humanos, orando a Dios, según la propia cultura, tradición o creencias, pero somos hermanos rezando a Dios. Hermanos haciendo ayuno, pidiendo perdón por nuestros pecados, para que el Señor nos perdone y detenga esta pandemia”.

Las otras pandemias

“Esta oración de hoy para pedir que el Señor aplaque esta pandemia nos debe hacer pensar en las demás pandemias del mundo (…). Hemos sido invitados a orar cada uno según su propia tradición, y a hacer una jornada de penitencia, ayuno y caridad, ayuda a los otros, esto es lo importante”.

“Que Dios detenga esta tragedia, que Dios tenga piedad de nosotros, y que también detenga las demás pandemia, el hambre, la guerras, los niños sin educación… esto lo pedimos todos como hermanos. Que Dios bendiga a todos y tenga piedad de nosotros”

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