1 de septiembre

Venerable Luis Querbes

Hoy, día 1 de septiembre, las y los viatores celebramos un día de recuerdo a nuestro Fundador. Desde estas páginas les deseamos a todos ustedes ZORIONAK!, FELICIDADES!, FÉLICITATIONS!, CONGRATULATIONS!, y les pedimos que se unan a nosotras y nosotros en este día tan especial.

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Irati Sánchez de Arévalo, cooperante en Jutiapa, 1

Honduras

Ia hilabete da Jutiapara iritsi ginela eta burua zalantzaz eta galderez betea daukat. Zergatik ote dago hainbeste zabor kale ertzeetan? Zergatik ote dugu batzuek hainbeste eta beste batzuek hain gutxi? Zergatik bizitzak ez du Euskal Herrian daukan balioa? Nola ote da posible jendea hain lasai bizitzea, hamaka batean kulunkatzea eta orduak pasatzea ezer ere egin gabe? Nola da posible jendeak horrelako bizitza gogorra izatea eta irribarre batez kontatzea?

Igandea da eta hamaka batean kulunka nago zorteko sentitzen naiz hemen nagoelako eta berekoi aldi berean, Europan jaio izanagatik. Momentu batez nire buruari galdetzen diot ea nolakoa izango nintzen Hondurasen jaio izan banintz. Orduan konturatzen naiz, gure kulturan korrika bizi garela, eta erakusleiho bat dela. Hau da, beti bizitza perfektu bat bilatzen gabiltzala eta gizartean irudi hori eman nahi dugula.

Hemen, ordea, gauzak ezberdinak dira. Jendea naturala da, jendeak ezertaz ezagutu gabe kontatzen dizu aita galdu duela, edo zortzi anai-arreba direla, bakoitza aita desberdin batena, edo medikuek akats bat izan zutela eta orain senideren bat gaixo dagoela… Jendearekin hitz egitean konturatzen naiz zenbat gustatzen zaidan haien istorioak entzutea eta zein bizitza “erraza” edo ona izan dudan.

Behin bizilagun batekin hizketan ari nintzela, kontatu zidan nola gizon bat egunero-egunero etortzen zen bere etxe aurrera jateko eske, kalean bizi zelako. Hark egunero ematen ziola zerbait. Egun batean, kaletik bueltatu eta etxe atarian zain zeukala sekulako irribarrearekin eskuan bi mango hartuta. Bat jaten ari zela, eta bestea eman ziola. Bizilagunak esan zion ezin ziola mango hura onartu, jan zitzala biak berak. Mutilak esan zion zorretan sentitzen zela eta mesedez onartu zitzala mango horiek.

Horrelakoak entzutean, bihotzean zerbait pizten da. Ze jende zoragarri bizi den hemen, eta ze balore dituzten: elkarlana, laguntza, komunitatea…

Hace casi un mes que llegamos a Jutiapa y ahora mismo soy un mar de dudas: ¿Por qué hay tanta basura en cualquier esquina? ¿Por qué algunos tienen tanto y otros tan poco? ¿Por qué la vida no tiene tanto valor como en Euskadi? ¿Cómo es posible que la gente pase horas y horas en una hamaca sin apenas hacer nada? ¿Cómo es posible que la gente con vidas durísimas te cuenten sus historias con una sonrisa?

Es domingo y estoy balanceándome en una hamaca y me siento muy afortunada de estar aquí, pero también un poco egoísta de haber nacido en Europa. Por un instante me pregunto cómo sería mi vida si hubiese nacido en Honduras. Me doy cuenta de que allí vivimos en la cultura de la prisa y de las apariencias, siempre intentando enseñar lo perfectas que son nuestras vidas y dando una buena imagen.

Aquí, en cambio, las cosas son diferentes. La gente es natural, te cuenta sin tapujos que perdieron a su padre, o que son ocho hermanos de distinto padre, o que por una negligencia médica es un enfermo crónico… y, hablando con la gente me doy cuenta de cuánto me gusta hablar con la gente, escuchar sus historias y me siento un poco mal por la “fácil” vida que yo he tenido.

Una vez hablando con un vecino me contó que todos los días un hombre sin hogar se acercaba a su casa y le pedía algo de comer y que él, un hombre pudiente, todos los días le daba algo. Un día, encontró al hombre en la puerta de su casa con una gigante sonrisa y dos mangos. El hombre cogió uno y se lo dio al vecino. Este le dijo que no podía aceptarlo, que él lo necesitaba más y que se lo quedara. El hombre sin hogar le dijo, por favor cógelo que me siento en deuda contigo.

Con estas historias se me estremece el corazón. ¡Qué gente más humana vive en este país y que valores tienen: humanismo, comunidad…!

Irati Sánchez de Arévalo, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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Leire Guridi, cooperante en Jutiapa (Honduras)

SERSO San Viator – SERSO Honduras

No hizo falta mucho tiempo aquí para darme cuenta de que Honduras no es un país fácil, todo lo contrario, es un país injusto donde las personas viven situaciones que no deberían vivir, que nadie debería vivir. Nacer en Europa se convirtió en una ruleta rusa y a nosotras jamás nos tocó la bala, mientas que aquí, cuanto más gira la única bala del cargador, siempre toca a los mismos, una y otra vez, una y otra vez. El arma se dispara y no entendemos por qué. Vivir en Honduras da coraje, preguntarse qué pasará mañana y temblar de incertidumbre, pues si mañana me levanto con dolor de garganta qué será de mí, podré curarme, cuánto dinero tendré que pagar para poder vivir. ¿Y si no? Me mandarán dinero de los Estados aquellas personas que lograron escapar de la pobreza, de la falta de recursos y la precariedad, construir una vida mejor a costa de tener que abandonar su casa, su familia, jamás pensaron tener que tomar tan dura decisión, someterse al paso del tiempo, al tener que elegir entre su vida pasada y su vida futura. ¿Por qué tenemos que pasar por esto? ¿Qué hemos hecho para no poder brindar una vida digna a nuestros hijos? ¿Por qué no podemos tener una mínima seguridad de lo que pasará mañana?
Honduras no es un país fácil para vivir, se juzga mucho y se construye poco, no hay trabajo, no hay pensión, solo un Estado que olvidó lo que era la humanidad.

Os plantais ante mí, con el corazón en la mano, me miráis mientras brillan vuestros ojos, me explicáis, me contáis, narráis batallas duras e injusticias que no entiendo por qué han de ser tan reales. Me miráis, pero yo no puedo decir nada, porque nada quedó en el olvido, porque mi todo ahora queda representado aquí, ante ustedes, y yo solo puedo decir una cosa: qué injusto. Resumo en dos palabras todo lo que me contaron, porque tratar de dar algún tipo de feed-back me resultaría egoísta, porque qué voy a decir yo si ustedes ya me lo dijeron todo, si la realidad cayó por su propio peso y ya no hay ciego que no pueda ver, ahora vemos todos, y lo que vemos no nos gusta, no nos corresponde. ¿En qué momento cambió todo tanto de un lado a otro? ¿En qué momento nacer blanco dio un privilegio tan grande como es no saber lo que pasa al otro lado del Atlántico?

Leire Guridi, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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Leire Guridi, cooperante en Jutiapa (Honduras)

SERSO San Viator – Juventud Cooperante Vasca

Leire Guridi en Jutiapa – SERSO Honduras

Aterrizando en Honduras

Por fin llegamos, el viaje se hizo largo… No solo por las horas pasadas entre aeropuertos y aviones sino por la mochila llena de incertidumbre y nervios que llevaba en la espalda. Una mochila que me hubiera gustado dejar en casa, ir sin nada más allá de las cosas materiales necesarias. Sin embargo, cuando una experiencia tan desconocida comienza, la incertidumbre se apodera del cuerpo de una. Cómo será todo allí, sabré asentarme, seré capaz de hacer de ese lugar mi nuevo espacio de confort, estorbare mucho… Mil preguntas que rebotan contra la cabeza y que no tienen ninguna respuesta, al menos ahora, solo queda respirar ondo y tratar de vaciar el interior de preocupaciones innecesarias que no hacen otra cosa que ocupar espacio y no dejar que las cosas verdaderamente gratificantes e importantes entren en mí.

Desde que tocamos suelo hondureño y nos vienen a recibir ya me siento mejor, siento cercanía ante lo que veo y muchas ganas de conocer, esa palabra se repite dentro de mí constantemente. Lo que veo no puede ser más diferente de lo que acostumbro a tener a mi alrededor, pero es necesario recordarme que no estoy aquí para comparar, todo lo contrario, estoy abierta a conocer más y dejarme llevar por este lugar tan desconocido que me está llamando. Hace mucho calor, la humedad dificulta la respiración y es todo tan verde que no puedo parar de mirar por la ventanilla del coche, la naturaleza rodea una carretera infinita.
Todo se me hace tan extraño, traté de imaginar tantas veces esta estampa en mi cabeza que acabó distorsionada por un completo desconocimiento, y resulta, una vez más, que la realidad supera a toda ficción. Todo lo que podía estar en mi cabeza queda en un segundo plano contemplando lo que tengo ante mí, un paisaje verde que contrasta con un cielo muy pero muy azul, esto es precioso. Pero eso no es todo, no todo es belleza y magia, se puede apreciar cierta suciedad en el ambiente, mucha basura llama mi atención a la vez que me transmite pena por ver tal estampa dañada de esa manera.

El camino hasta Jutiapa se hace largo, pero la llegada lo compensa pues conocer por fin dónde voy a vivir los próximos tres meses me llena de emoción. La hospitalidad con la que nos reciben es como un soplo de aire fresco después de un viaje tan largo, por fin podemos asentarnos. El tiempo transcurre rápido, muchos planes para conocer el entorno, muchas explicaciones de cosas muy nuevas, completamente desconocidas. Esto no ha hecho más que empezar pero ya siento mi presencia aquí, veo a mi cuerpo en este lugar y me gusta lo que siento, aquí todo es verde y tranquilo y aunque no hemos tenido la oportunidad de compartir tiempo aún con gente de aquí ya siento que todo es muy cercano. No puedo parar de pensar en lo bonito que es esto, en la impresión que me llevo en cuanto a la naturaleza de este lugar, en cómo brilla el sol y lo bonito que es el cielo. Me han creado muchas expectativas respecto a estos meses, todas buenas, y no puedo esperar a vivirlas, pero siempre con tranquilidad, siendo consciente de dónde estoy, haciéndome presente en este nuevo lugar y no queriendo correr, pues esta experiencia requiere calma, pues este contexto requiere consciencia absoluta.

Leire Guridi, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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Noches de Luna Negra

Mosquitia (Honduras), miércoles 30

Dentro de una hora saldré de acá. Regreso. El petate me espera en la escalera humana casi. Un petate más vacío de cosas, de ropa, de camisetas planchadas y oliendo a suavizante; mas vacío de regresos al Otro Lado. Dejo las fotos de mi tierra colgadas en las paredes metálicas de nuestro hogar durante los últimos días. Las camisetas serán de Kavó dentro de una hora.

Dentro de una hora llegará Diego para llevarme a casa: Tikwa, La Ceiba, San Pedro Sula, Miami, Madrid, Bilbao…

Dentro de una hora se habrá acabado todo y comenzará otra historia.

Dentro de una hora ya no habrá laguna, ni Pai, ni calor, ni mosquitos, ni café fuerte para compartir, ni cigarrillos en la noche compartidos con sueños y nombre de mujer, ni mangos que hagan que me tropiece en la escalera, ni gemidos de niños que desvelan la noche, ni baños en la laguna a la luz de la luna enorme y blanca, ni e-mails para Ella continuamente presente, ni escalera cómplice y compañera, ni guantes asépticos que corten la piel, ni lágrimas de impotencia y rabia, ni más nombres de niños inventados traídos de lejos, ni más abrazos de despedida, ni tragos de ron a escondidas de la Muerte, ni más turnos de guardia, ni más estrellas enormes y azules…

Dentro de una hora, me abrazaran, me dirán un último y definitivo  Adiós en miskito y regresaré lentamente, poco a poco, en silencio, de la misma forma de la que llegué.

Tikwa (la Mosquitia).

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