Leire Guridi, cooperante en Jutiapa (Honduras), 3

SERSO Honduras

Tomás Euceda, Leire Guridi y Danilo Hernández

Aquí todo es nuevo para mí, cada día es un nuevo comienzo y aprendo y veo cosas desconocidas que se abren como un gran abanico de posibilidades que experimentar y vivir aquí. La comida es completamente diferente a lo que acostumbro, no solo lo que comemos en casa, si no la gran variedad de frutas que puedes encontrar y descubrir a medida que caminas por las comunidades. Ir probando diferentes frutos exóticos que tienen sabor ácido, amargo o dulce, cualquier árbol que te encuentras te puede ofrecer algún regalo. Las personas que me rodean me ofrecen probarlos y aunque no siempre me muestro muy dispuesta a ello, trato de descubrir esos nuevos sabores que se van presentando.

El paisaje, aunque a ratos puede resultar familiar, también se presenta como una estampa diferente y admirable ante mis ojos. Poder observar desde tal altura las montañas, tan verdes y llenas de vegetación se graba en mis ojos y en mi memoria deseando que esta imagen nunca salga de mí. En ocasiones tengo la suerte de poder hacer excursiones con los compañeros de SERSO, ellos conocen lugares increíbles que mostrarme y caminamos entre la naturaleza compartiendo tiempo y presencia. Los caminos son perfectos para andar, y nunca pierden esa esencia verde e idílica; si además a esto se le suma el tiempo compartido, acaban tratándose de planes inmejorables que provocan cercanía, compañía e historias fascinantes. Una tarde llegamos a la cima de la montaña coincidiendo con el atardecer, los colores que pude observar junto con la caída del sol que sobrevolaba Jutiapa fue una de las estampas más bonitas que he visto en mi vida. El naranja se mezclaba con el azul del cielo dando paso a un color rosado que resaltaba entre las nubes como si de una película se tratase. No podía parar de admirarlo, y es que la naturaleza está tan presente en este lugar que poder compartir tu vida tan de cerca con ella provoca sentimientos que el gris de la ciudad acaba aplacando. No me cansaré de resaltar lo inmensa y a la vez tan pequeña que me siento cuando estoy tan rodeada de vegetación, como cuando voy en la paila del coche hacia las diferentes comunidades y todo lo que rodea el camino es verde, y las ramas dejan espacio para que entre el sol, y tus ojos verdaderamente no pueden creer que seas tú la que de verdad está viviendo esto.

Jutiapa (Atlántida – Honduras)

Todo lo que cuento es real, es verídico, todo lo que estoy viviendo y aprendiendo se hace enorme ante esta experiencia. Pero no puedo olvidar que no podría estar viviéndolo de esta forma si no fuera por lo bien rodeada que he estado desde el principio. El trabajo en SERSO siempre es mejor gracias a las personas que lo conforman, a su implicación con la comunidad, por hacer de este lugar algo mejor. Por lo dispuestas que están siempre a conversar conmigo, a hablarme de experiencias personales e impersonales, a hacerme sentir como en casa, porque durante toda esta experiencia ellos están siendo casa para mí. Espero poder estar aportando algo yo también, pero trato de no pensarlo en exceso pues lo que estoy recibiendo multiplica cualquier cosa que yo podría ofrecer. Las experiencias siempre son mayores cuando se comparten, y la palabra compartir rebota a diario contra mi pecho. Las visitas a las comunidades me permiten conocer a personas nuevas que me reciben con una sonrisa y me permiten adentrarme en la realidad ajena, en sus casas, en su familia, en su iglesia, y yo solo puedo agradecer tanta hospitalidad y cercanía. Aquí siempre hay plato para alguien más, siempre hay comida para que tú comas y una silla para que te sientes y charles con tranquilidad. Aquí lo tuyo es mío, y también de él y de ella, aunque haya escasez, aunque falte, siempre hay espacio para ese recién llegado. También hay mucho amor, mucha cercanía y muchos abrazos, te sonríen con los ojos entrecerrados y los niños y niñas en seguida transmiten su ternura a través de sus abrazos. En un principio tanta hospitalidad me abruma, todo lo que se te ofrece, todo lo que se te sirve, las tantas personas pendientes de que no te falte de nada, antes de que pongas el pie en la casa, la silla ya está preparada para ti, aunque vayas para poco tiempo, aunque acostumbres a estar de pie.

Experimentar aquí se siente bien, todo es novedad y aprendizaje diario, todo sabe a nuevo y todo se agradece el doble. Como bien nos dijo una persona que nos cuida en la distancia, “al final lo que queda es el cariño que ofreces y que recibes, no los lugares que visitas”.

Leire Guridi, Juventud Cooperante Vasca – SERSO San Viator
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