Noches de Luna Negra

Mosquitia (Honduras), sábado 12

Escondo mi alma entre las tiendas. Ha llegado envuelta en una sabanilla húmeda y tibia. La llaman Pai. Tiene dos años y medio. Está dormida y con fiebre. No sé. No sé por qué me la han entregado a mí. Me la ha traído uno de los vigilantes con su ficha rellena y sus datos mecanografiados en un pulcro papel blanco. Toda la historia de una vida en un papel blanco. Nombre: Pai. Edad: 2 años y casi 6 meses. Color de ojos: tierra. Pelo: rizado y corto. Piel: oscura. Síntomas: fiebre alta. No hemorragias. Dicen los padres que se muere.

La baño en la bañera de suero tibio. La seco con una sábana suave y delgada. Al depositarla en su cama-cuna, su piel huele a galletas maría cuando se mojan en leche. Le busco vía y comienzo el ritual: exploración, pinchazo de analítica, suero, sedante, antipirético… Esperanza, tiempo, cruzo los dedos, sigue dormida, duerme. Hoy me dedicaré todo el día a ella. Me lo merezco. Se lo merece. Cada dos horas la miraré si tiene hemorragia o no. Sus piececitos pequeños y juguetones se mueven de vez en cuando dando pataditas al aire como intentando despejar al destino.

Salgo de la box 7. Hace un calor horrible. A lo lejos se ve el campamento de familiares. Me doy cuenta de que no me separa nada de ellos. Soy, en parte, como ellos. Lo único que me diferencia son estos guantes blancos y asépticos al dolor, y mi barba de 8 días canosa y picante.

Tengo los pies quemados por el sol. Las marcas de las reef en los pies me resultan curiosas. Tengo un día raro. Quizá sea por Pai y sus ojitos color tierra.

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«Si somos cristianos, estamos llamados a ser los ‘cambia suerte’ de los pobres»

Santiago Agrelo

El profeta habla a una comunidad de últimos, a hombres y mujeres que parecen haber nacido para ser nadie, para no ser, hombres y mujeres a los que hemos vestido de luto y aflicción: Nos pidieron pan y les dimos piedras; nos pidieron justicia y los arrojamos a la intemperie; nos pidieron una oportunidad y sólo les ofrecimos la posibilidad de que hombres, mujeres y niños se enfrentasen a la muerte –sin caer en la cuenta de que, si ellos se nos mueren, se nos muere la navidad: se nos muere el Niño-.

En este tiempo que se nos ha dado para que preparemos el nacimiento de un Dios pobre, las ciudades se iluminan en honor al dios dinero, al dios progreso, al dios consumo. Las ciudades se iluminan cada vez más, pero continuaremos sin ver a ese Dios vulnerable que llama a las puertas de nuestra vida pidiendo ayuda. Las ciudades se iluminarán como si ellas fuesen la luz, como si de ninguna otra luz tuviésemos necesidad. Las ciudades se iluminarán, y nos distraerán para que olvidemos el luto y la aflicción de los pobres.

Pero es a ellos, precisamente a ellos, a los hambrientos, a los sin techo, a los sin futuro, es a ellos a quienes se dirige la palabra del Señor; a ellos se les dará un nombre para siempre: “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad”.

Sólo ellos podrán decir con verdad las palabras del salmo: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.

Esas palabras resuenan bajo las arenas del desierto, también bajo las aguas del mar. Es una voz poderosa como un trueno, una sola voz, la voz de los crucificados y el Crucificado, de los muertos y el Resucitado.

El Señor su Dios, en Cristo Jesús, ha cambiado su suerte, los ha despojado del vestido de luto y aflicción, los ha envuelto en un manto de justicia: en Cristo, todos fueron llorando, llevando la semilla; en Cristo, todos vuelven cantando, trayendo sus gavillas.

He dicho: “en Cristo”; y es como si dijese: “en su cuerpo que es la Iglesia”; también en mí, que soy parte de ese cuerpo.

Si somos de Cristo, si somos cristianos, estamos llamados a ser “cambia suerte” de los pobres. Si somos de Cristo, si somos cristianos, somos las manos de Dios para quitar vestidos de luto y aflicción, para tejer mantos de justicia, para allanar caminos, abrir fronteras, de modo que los pobres se muevan con seguridad en su éxodo hacia la justicia. Si somos de Cristo, estamos llamados a ser evangelio para los pobres.

Ésta es la verdadera evangelización: que los pobres se encuentren con Cristo encontrándose con su cuerpo, con su Iglesia, con cada uno de nosotros –de Jesús de Nazaret fue ungido por el Espíritu y fue enviado como evangelio a los pobres-.

Éste es el verdadero adviento: el que nos dispone a recibir amorosamente a Cristo y a los pobres.

Y ésta es hoy nuestra eucaristía: memoria agradecida de Cristo Jesús, en quien el Padre nos ha dado para siempre el nombre de “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad”; y también comunión –nos hacemos uno- con Cristo y con los pobres.

Desde esa comunión, podremos decir con verdad: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”; desde esa comunión, veremos la salvación de Dios; desde esa comunión, también nosotros llegaremos al día de Cristo limpios e irreprochables.

En Cristo, con Cristo, los pobres entran hoy en nuestra comunidad, en nuestra compasión, en nuestras vidas.

Santiago Agrelo (Religión Digital)

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Noches de Luna Negra

Mosquitia (Honduras), viernes 11

Esta noche he soñado con payasos y delfines. Un sueño raro y alegre, un sueño cálido y curioso. Hacía meses que no soñaba tan intensamente.

Durante todo el día he estado ausente. Kavó me ha preguntado mil veces que es lo que me pasa; si le dijera que no lo sé, no le mentiría.

Una y otra vez vuelve a mi cabeza su imagen, en las tiendas, en los sueros, en la consulta de adultos, en el quirófano improvisado e ilegal, en las hojas de esta libreta, en la playa al atardecer, en el silencio roto por los rotores del helicóptero que se ha llevado bronca porque por poco arranca todos los vientos de las tiendas al aterrizar en el campo, en la sopa de pescado que nos hemos preparado para comer…

La imagen de una mujer que apenas conozco y quiero amar; de una mujer imposible y lejana distanciada por el destino y la distancia. Apenas unos días antes de llegar a este lado de la vida me propuse encerrarla en el lado oscuro de los recuerdos, para que no saliera de ahí si no era con mi permiso.

Es como cuando un alcohólico deja de beber, lo deja y punto y se miente prometiéndose que no va a caer más, y luego, a la primera de cambio, vuelve a caer y con más dureza. Me prometo que no voy a caer, porque me miento diciéndome que soy fuerte y todo eso que nos decimos los hombres cuando nuestras entrañas laten y necesitan que otros nos las desaten, y luego, cuando te cruzas en las escaleras o en la fotocopiadora o en la maquinita de café, te caes con todo el equipo y tu “ fuerza” se derrite como adolescente de colegio de curas con babero. 

Se lo cuento a Kavó y no me entiende. Que la solución es fácil y rápida: otra mujer y punto. Me sonrío y por un momento le tiraría con el portátil a la cabeza, pero posiblemente tenga la razón una vez más.

Me retiro a las escaleras para escribir una carta a ama y entregarla mañana al helicóptero que viene de La Ceiba, y en los cascos elijo a Chet Baker para que sea el testigo de esta noche compartida con un montón de estrellas a la que no ha acudido Venus, un cigarrillo sin encender y un miskito loco y filósofo que me habla de mujeres mientras prepara la sopa de pescado, mientras en los techos de la lona blanca de  las tiendas la luna cobija el sueño de 227 niños que luchan por simplemente…, vivir.

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Noches de Luna Negra

Mosquitia (Honduras)jueves 10

No puedo quitarme de la cabeza la cara de Kavó al regresar ayer del recuento. Tampoco la imagen de él al dar una patada al aire y mi silencio siguiente y contundente. Creo que se ha ido para que no le viera llorar.

A veces me asusto de mi frialdad calculada y desconcertante. Tiene fiebre y creo que es dengue. Le dejo solo durante más de dos horas. Y me siento incomodo, y me siento un cabrón por no dejar lo que estoy haciendo y caminar donde está él.

Supongo, a veces mal, que todo el mundo tiene que ser como yo, al que le tienen que dejar solo, el que desaparece de la faz de la tierra hasta que se le pasa, y no consiente que lo “mimen” en esos momentos.

No aguanto más y con una taza de café, seguro que horrible, y un cigarrillo me acerco a él en silencio y sin decir nada. Le agarro de los hombros, agacha la cabeza, habla en miskito para que no lo entienda, y no le digo nada, solo le abrazo, y me doy cuenta que le saco la cabeza, le abrazo fuerte y por un momento le digo  que se deje derrumbar, que es normal, que eso nos pasa a todos más veces de lo que quisiéramos, que no es malo llorar cuando la ocasión lo provoca. Le digo que nos vayamos a dar un baño a la laguna que está apenas a diez pasos, me dice que vaya yo, y me meto en el agua negra y cálida, vigilando su cuerpo acodado en el container. Poco a poco se mete en el agua y comienza a nadar, nada mal y lo sabe, se aleja hasta que apenas se ve la espuma., después de un rato que se me hace enorme le veo regresar casi agotado.

Salimos y nos secamos con la noche. Solo una frase rompe el silencio angustioso. ¿Sabes? Nadas muy mal, no lo vuelvas hacer, y después de unos segundos de espera nos echamos a reír como dos niños pequeños que han hecho una travesura.

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25 de noviembre

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

El día de hoy, junto a unas 60 mujeres de diferentes Comunidades del Municipio de Jutiapa, hemos conmemorado el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia de Género, que se conmemora cada año el 25 de noviembre. Hoy, adelantándonos a ese día, hemos compartido con todas, recordando muchas luchas que han hecho otras mujeres. También realizamos el lanzamiento de la Campaña «Soy Mujer, Vivir Sin Violencia es Mi Derecho» con el objetivo de lograr la prevención de la Violencia Doméstica, sensibilizar y promocionar la eliminación de la violencia contra las mujeres… Red de Mujeres (Jutiapa, Atlántida, Honduras).

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