Noticias de la Fundación CSV de Burkina Faso y de la visita del Consejo General de los Clérigos de San Viator a la Fundación.
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Domingo de Resurrección El sueño cumplido en Jesús Iba todo tan bien en la vida de Jesús: salían de sus labios palabras de consuelo y propuestas de fraternidad… porque Dios estaba con él. Iba todo según el sueño de Dios. … Seguir leyendo
En el post de «Francisco, obispo de Roma, papa’ añadí algunas de las palabras, ideas… que sobresalieron en sus primeros discursos: ternura, servicio, esperanza, bondad, pobres, que la periferia pase a ser el centro. Y al anochecer (cuando a uno se le derrumban las barreras afectivas) se me encendió una pequeña bombilla: esas cualidades las conozco de cerca, y las conozco en personas concretas, y no en personas canonizadas; las conozco en mis viatores, personas de carne y hueso; personas con defectos, pero con mil virtudes.
Ternura, servicio, esperanza, bondad, descentramiento…, ha sido suficiente visualizar algunas de las caras de mis hermanos, personas a las que quiero y he querido.
Como observaréis todos ellos han pateado parte de nuestro mundo; sí, ya sé que es un defecto del espíritu aventurero que llevo dentro, debe estar inserto en mis genes. Pero los he conocido a todos trabajando ‘en campo’, allí donde el Espíritu los empujó. Respuesta a una llamada, respuesta a una vocación de ternura, servicio, esperanza, bondad y descentramiento. Son mis hermanos, son viatores, y estoy orgulloso de ellos, por eso escribo.
Vocación viatoriana, hermanas y hermanos que se sienten llamadas y llamados a construir el Reino, viatores al servicio de las mujeres y varones de este mundo. Ternura, descentramiento y bondad al servicio de las y los empobrecidos de nuestra tierra, esperanza para ellos. Viatores.
Esta Pascua las y los cristianos celebraremos el triunfo de la vida, el triunfo definitivo sobre todos los malditos viernes santos de nuestro mundo, celebraremos la Resurrección. Él es el camino, la verdad y la vida, esperanza de nuestro Dios.
Canadiense (perdón, quebecois), 48 años correteando por el Perú, la mitad de los cuales río arriba-río abajo por el Amazonas. Hombre íntegro, austero, fiel, de quien te puedes fiar, orante y hasta con un genio de mil diablos cuando se tuercen las cosas. Otro de mis viejitos, mi pata Gaston.
No te hizo mucha gracia subir conmigo a Cutervo, tu primera experiencia en la Sierra, a 2.600 m.s.m. con 74 años, con un ojo perdido y tus pulmones protestando por las tres cajetillas de tabaco al día con las que perfumaste durante años la Amazonía. Pero la Periferia (Tamshiyacu, Indiana, Collique, Cutervo…) ha pasado a ser el Centro de tu vida; al servicio de la Comunidad Viatoriana, de la Iglesia y del pueblo empobrecido. Y un vasco gritón y malhablado aprendió qué es servicio a la comunidad.
Gaston, religioso viator, presbítero. Años construyendo el Reino, que avanza despacio, pero es el Señor el que construye la casa. Y en ella las y los niños corretearán bulliciosos a tu lado, y jugarás con ellos. Un beso.
La ternura, la bondad, el servicio, la esperanza… son valores que se pueden identificar en las personas, también en personas de mi comunidad viatoriana; la pobreza, no. La pobreza no es ningún valor. La pobreza tiene cara amarga, inhumana, fría. La austeridad, el decrecimiento actual, tiene sentido desde la solidaridad, desde el compartir con las y los empobrecidos; no desde la mera vivencia masoquista.
Pero ¿existe la pobreza o es mera estadística? Existen las y los pobres, las y los que sufren las consecuencias del egoísmo humano, del reparto inequitativo de los bienes que nuestro Dios nos ha dado para todas y todos, del acaparamiento sin medida, de sistemas económicos injustos y diabólicos.
Las y los pobres son reales, gritan o padecen en silencio, sufren y lloran, y mueren. La estadística mueve mi intelecto, las y los pobres remueven mi corazón; y cuando las y los pobres son mis, tus, nuestros conocidos, personas cercanas y queridas, lloras, lloras amargamente, lloras de impotencia, lloras y gritas a tu Madre y Padre Dios.
Y sientes llorar y balbucear a Dios: ‘son tus hermanas y hermanos, mis preferidos, a ti te los encomiendo’.