Noches de Luna Negra

Mosquitia (Honduras)sábado 5

Otro aeropuerto. Pequeño y sucio. El Golosón, La Ceiba. He conocido a Kavó. 26 años, los mismos que tenía yo cuando empecé mi historia. ¿Coincidencia? Nos hemos caído bien. A cada rato me pregunta cosas sobre mí. Le trato de contestar lo más fielmente posible. La verdad es que no me importa nada el que sepa una serie de cosas personales que no llevan a ninguna parte.

Tiene la mirada tibia con pterigion incluido como casi todos los hondureños que pasan mucho tiempo al sol. Las manos bonitas, delgadas y fuertes. Cojea ligeramente de la pierna derecha aunque trata de disimularlo. Creo que no le pega la voz con la cara. No sé. Siempre he tenido esa manía de relacionar voces con caras. Esa manía que me viene desde que trabajaba en la radio.

Le dejo mis auriculares y me cuenta que en el piso donde estudiaba en Costa Rica también había “un loco que se pasaba el día escuchando jazz y que era el que más éxito con las muchachas tenía” (cito textualmente); parece ser que en mi caso no es la norma.

Dormimos en La Ceiba y pedimos una habitación con dos camas y aire. Lo hacemos adrede para conocer de forma involuntaria nuestras manías, además nos va a tocar compartir espacio durante tiempo, y certifico que lo que decía Maurice es completamente cierto: ronca como un hipopótamo en celo.

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