Oraciones al caer de la tarde

SALIMATA

¡Me estoy especializando en musulmanes, Señor!
Hace un rato me ha sacado de la cama (¡ya era hora!, a pesar de ser Fiesta grande, ¡la Asunción de tu madre!) Los nudillos de un visitante…
—¿Quién es?
—Yo… —voz de mujer.
—Vale, vale! ¡Como si yo debiera conocer a todo el mundo por su voz…
—Bueno, ya voy…
Era la chica de ayer noche. Vino a verme al caer de la tarde con la frase de siempre:
—Mon père, j´ai un problème…
Su problema —siempre son pequeños problemas— era que tenía que ir a Yamoussoukro para, de la capital, llegarse al poblado…
Había jurado no encargarme de los transportes. Hay muchísimo embustero, de esos que se quedan luego en Bouaké… una vez tienen el dinero. Y le dije que volviera hoy con su D.N.I. Le di unas monedas porque estaba convencido de que no volvería. Yo soy incapaz de despedir a nadie sin una ayuda. Con doscientos francos se contentaría.
Y ¡ahí estaba llamando a las siete y media de la mañana, un 15 de Agosto!, (¡Oh, 25 años…Valladolid…!).
Me ha enseñado el carné de identidad…
Salimata es una chica-mujer. La verdad, Señor, lo confieso, es que me ha parecido una hermosa mujer a pesar de su indumentaria un tanto desastrada. Unos ojos preciosos y el busto muy atractivo… ¡Ay!
Por un lado, me encanta hablar y bromear con estas personas tan poco cultivadas. Me hace gracia su francés. Son como niños grandes… Pero cuántas veces me engañan… ¡El inocente soy yo!
Por ejemplo: Salimata. Se ha hecho un lío para explicarme adónde iba. Ha mezclado la capital con Dimbokro (a 80 kms.) y, luego, no sé qué ha querido decir de Daoukro (otros 60 en dirección contraria). Total, que me ha querido engañar.
¿Su problema? Estaba casada, tenía un trabajo de “fille de Salle”, en el Hospital (todo eso es mentira) y su marido la ha abandonado… y en el C.H.R. (hospital) no había sitio para ella…
¡Ah, Señor…! No sé qué hacer ni con Salimata, ni con tantas personas que están en tan penosas circunstancias…
Quizás, Dios mío, no me quede más remedio que hacer como que creo en todas estas historias y ayudarles. Porque, aunque se inventen cuentos rocambolescos, necesitadas sí que están.
Bien. Hoy fiesta grande de tu Madre, háblale de esta chica tan guapa, que se hace llamar Salimata. Una joven con muchas posibilidades de caer muy bajo… Quizás, Ella te dé una idea.
Deséame que pase un buen día… ¡Hasta la noche!

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Una respuesta a Oraciones al caer de la tarde

  1. Ángel Sánchez dijo:

    Muy bonito, CARLITOS !…En principio , me has hecho recordar las oraciones de Jesús Alfonso en Japón!…Luego, me he acordado de los autores franceses que leíamos en el Juniorado y Escolasticado , como Michel Quoist (te acuerdas?)…Me gusta tu estilo sencillo y sincero…Sigue rezando por escrito que harás mucho bien!…Un abrazo, Jaleo, desde Valladolid !!

    ANGEL SANCHEZ

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