COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Vigesimoprimer Domingo del Tiempo Ordinario

La identidad de Jesús… y la nuestra

El relato del evangelio de este domingo 21 del tiempo ordinario se conoce como “la crisis de Cesarea de Filipo”. Esta crisis la liturgia nos la presenta en dos capítulos. Tendremos que esperar al próximo domingo para entender la hondura de la pregunta de Jesús, porque tampoco vale la respuesta grandilocuente de Pedro, “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, si el mismo Jesús no nos desvela lo que eso supone.

No es cualquier pregunta la que nos hace hoy, a nosotros, sus seguidoras y seguidores: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo’”. Pregunta dirigida a toda la comunidad, pero que también debemos responder personalmente: “Y tú, ¿quién dices que soy yo?”. ¿Quién es Jesús, quién es Dios para mí, hoy, aquí y ahora? No sé si esta pregunta la podemos responder sin preguntarnos, ¿quién soy yo para mí y quién soy para Dios?

Jesús, como podemos ver a lo largo de todo el evangelio, se retiraba con frecuencia a orar. Jesús sabe quién es para Dios: su hijo amado. Así lo siente en su vida. Por eso les ha dicho a sus seguidores que a Dios le llamen “Padre”. Jesús sabe quién es y cuál es su misión: inaugurar el Reino de Dios.

Jesús no tiene dudas sobre su identidad, pero no tiene tan claro que se vaya entendiendo quién es él, cuál es su proyecto y cómo ha de realizarse.

Jesús ha constatado que los mandamases políticos y religiosos no le están entendiendo. La confrontación es casi continua. Y la gente sencilla, el pueblo, ¿le está entendiendo?: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”.

Los discípulos fueron listos, no se mojaron, se limitaron a decir lo que la gente decía sobre Jesús. No estaba nada mal: le identificaban con los grandes profetas, incluso con Juan Bautista, de quien Jesús había dicho que entre todos los hombres no había habido ninguno más grande que él. Jesús se podría haber quedado con esa respuesta y no haber arriesgado nada más. Pero no, quiere saber si aquellos que le conocen más íntimamente están captando su identidad y su proyecto.

Hoy podríamos responder a la pregunta de Jesús analizando qué dice nuestra cultura de Jesús, no digo del cristianismo o de la Iglesia Católica, ya que lo de Jesús es siempre mayor que el movimiento que se puso en marcha en torno a su persona o la institución que cuajo en torno a sus seguidores, aunque él, Jesús, el Cristo, sea su fundamento.

(Excursus: Tienen razón quienes afirman que hoy hay un peligro real de disociar a Jesús de Nazaret del Cristo de la fe. Reducirlo a un maestro de sabiduría o profeta de la justicia es haberse enterado poco del dinamismo que habitaba su persona, del Misterio que lo constituía y sostenía).

Hoy podríamos preguntarnos quién dice la gente que es Jesús, qué dice la literatura de él, qué la música, cómo lo trata el cine, cómo se le representa o se le ignora en el arte,… Lo que dice la cultura sobre algo o sobre alguien siempre influye sobre nosotros, sobre todo si no tenemos criterio propio. Lo mismo pasa con Jesús si es que no ha habido un proceso de personalización de la fe y ya podemos responder por nosotros mismos.

21º domingo del tiempo ordinarioSi se quiere, se le puede preguntar a la Iglesia, ¿quién dices que es Jesús? No cabe la menor duda de que la respuesta de la comunidad no nos deja indiferentes a cada uno de sus miembros. Nadie tiene el monopolio de la respuesta “única y verdadera”. Nos sentimos invitados a confrontar nuestra respuesta con las hermanas y hermanos que comparten nuestra misma fe, ahora o a lo largo del tiempo.
Jesús les hizo esta pregunta a sus discípulos en un contexto determinado: Cesarea de Filipo, ciudad que había tenido un altar dedicado a Baal, dios cananeo; a Pan, dios griego de la naturaleza; en aquella época hasta su nombre indicaba que estaba dedicada a otro dios, el emperador romano y lo que él representaba de poderío militar, económico, político,… y hasta religioso. Jesús nos hace esta pregunta a nosotros en los contextos habituales de nuestra vida, en nuestras Cesareas de Filipo particulares. Es una pregunta que nos hacen en los escenarios más diversos: en la sobremesa de una comida familiar, en la pregunta ingenua de una niña o niño de la catequesis, en una conversación en el ámbito laboral, al analizar un problema social junto a los compañeros de partido político o de sindicato,… a la vez que nos hacen la pregunta, directa o indirectamente, de quién es Jesús para nosotros, nos confrontan con nuestro estilo de vida: ¿realmente responde a la fe que profesamos? Ante esta pregunta, ¿cómo reaccionamos? No nos preguntan solo por la identidad de Jesús, sino también por la nuestra.

Nuestra respuesta vital es clave, llave para abrir y cerrar a la fe. ¿Nos damos cuenta del don que hemos recibido y, a la vez, de la responsabilidad que tenemos? Tenemos la llave de la esperanza del corazón humano.

La pregunta de Jesús no está dirigida a nuestra cabeza, a dar una respuesta teórica, aprendida, que solo nos lleva a repetir lo que hemos recibido de otros, aunque sea muy ortodoxo y hasta sensato. Es una pregunta a nuestra vida, que nos invita a responder desde ella y que, en ocasiones, al tomar conciencia de nuestra incoherencia, nos aboca a guardar silencio.

La pregunta “y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”, no nos confronta sólo con la identidad de Jesús, sino también con la nuestra, con la mía.

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