COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Corpus Christi

Construyamos espacios de esperanza

Este es uno de los días difíciles de predicar: ¡son tantas las evocaciones y los caminos que se pueden seguir!.
El histórico: cuando se instituyó la fiesta del Corpus, se quiso subrayar de forma inequívoca la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. Se propició una piedad muy centrada en la contemplación del Santísimo Sacramento. Se le adoraba, pero no se le comía. De hecho un concilio tuvo que establecer como obligatoria la comunión una vez al año: en pascua florida. Algo que ha subsistido entre nosotros hasta anteayer. Una curiosidad histórica: esta fiesta fue promovida por una religiosa. Esto daría mucho de sí.
El catequético y pastoral: se quiso insistir tanto en la presencia real de Cristo y en el debido respeto que se merecían las mismas especies que consumían, que se comenzaron a guardar como un gran tesoro. Creo que todos tenemos en la mente las custodias. Importante para la catequesis de un momento histórico. Hoy tanta ostentación más que revelarnos el misterio de la entrega de Cristo nos lo oculta.
El cultural: hace unos pocos días la procesión del corpus de Toledo ha sido declarada de interés turístico internacional. Nos puede parecer un despropósito. Tal vez no lo hubiese sido tanto si la declarada de interés turístico internacional hubiese sido la procesión del Rosario de faroles, tan popular en esta ciudad de Vitoria-Gasteiz. Estoy convencido que este tipo de manifestaciones populares ayudan a mucha gente a alimentar su fe, por lo tanto merecen todo el respeto.
Corpus ChristiSe podría hacer un acercamiento antropológico, sobre la visión del cuerpo que se ha trasmitido en el cristianismo, a pesar de que la encarnación es uno de los fundamentos de nuestra fe.
Hagamos el acercamiento que hagamos, tenemos que afirmar que la Iglesia desde los comienzos ha tenido bien claro que en la eucaristía un elemento central son los pobres: “Cuando los cristianos se reúnen para celebrar la Eucaristía, no pueden dejar de pensar en los más pobres y necesitados”, decía san Justino, en el s. II. San Cipriano, en el siglo III, decía que “no se puede venir a celebrar la Eucaristía sin traer la ofrenda para los pobres”.
Eso que se dice de la eucaristía dominical, se dice con más intensidad del día del Corpus. Por eso la Iglesia suele celebrar hoy el día de la Caridad.
La comisión episcopal de Pastoral social ha escrito un mensaje titulado “Construyamos espacios de esperanza”.
Los obispos de esta comisión nos recuerdan que la fiesta del Corpus Christi es una invitación a entrar en el misterio de la Eucaristía, sacramento del amor y también de la esperanza, pues allí donde el ser humano se siente amado, experimenta la salvación de Dios y descubre que es posible la esperanza.
Desde este misterio de amor y de esperanza, nos invitan a todos los cristianos a tres actitudes:
1) Mirar la realidad desde los pobres
«He visto la opresión de mi pueblo» (Ex 3,7), dice Dios. La caridad comienza por abrir los ojos a la realidad, pero la realidad se puede mirar y valorar de diferentes maneras, por ejemplo desde el beneficio de las grandes empresas o desde el número de los parados. Nosotros queremos ver la realidad con los ojos de Dios, desde el lado de los pobres. Una mirada así nos permite señalar algunos indicadores preocupantes:
 La fractura social entre aquellos que se encuentran en la franja de integración y los que se encuentran en situación de exclusión se amplía.
 Las clases medias decrecen y transitan hacia espacios de exclusión.
 Aumento progresivo de la desigualdad, por la reducción de los servicios sociales, por las dificultades para acceder a la vivienda, por la bajada en el nivel medio de la renta, por el índice creciente de la pobreza infantil.
2) Escuchar el clamor de los pueblos
Nuestro Dios, que tiene ojos abiertos para ver, tiene también oídos atentos para escuchar a su pueblo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores, conozco sus sufrimientos» (Ex 3,7).
Hoy hemos de escuchar «el clamor de pueblos enteros, de los pueblos más pobres de la tierra», que no solo tienen derecho a la comida, sino también a otros bienes que les permitan vivir con dignidad. Según la FAO, hay más de 845 millones de personas con hambre crónica en el mundo. Lo que constituye un verdadero motivo de escándalo es que se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta.
3) Generar espacios de esperanza
Ante el sufrimiento de los pobres y el clamor de los pueblos, no podemos quedar inactivos ni sumidos en la indiferencia y el desaliento. Las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía” (Lc,19) son una invitación a hacernos don, alimento, esperanza para los pobres.
Cáritas nos recuerda que generamos espacios de esperanza en medio de una sociedad asfixiada por la crisis:
 Cuando respondemos con gestos sencillos y cotidianos de solidaridad ante las necesidades de los hermanos y cambiamos nuestros hábitos alimentarios evitando el desperdicio de alimentos.
 Cuando reconocemos la función social de la propiedad, el destino universal de los bienes y defendemos los derechos de los más pobres aún a costa de renunciar los más favorecidos a algunos de sus derechos.
 Cuando creamos una nueva mentalidad que nos lleva a pensar en términos de comunidad y a dar prioridad a la vida de todos sobre la apropiación indebida de los bienes por parte de algunos.
 Cuando contribuimos a una economía al servicio del ser humano, no del dinero y el mercado, y rechazamos y denunciamos la economía de la exclusión y del descarte que mata.
 Cuando apostamos por los más débiles, promovemos el desarrollo integral de los pobres y cooperamos para resolver las causas estructurales de la pobreza.
Con esta campaña Cáritas quiere ayudarnos a tomar conciencia del gran papel que jugamos cada persona, cada familia, cada comunidad, en este momento de la historia. Es una invitación a construir espacios de vida, de novedad, de justicia, de fraternidad, para restaurar los derechos de todas aquellas personas que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad. Por eso, con palabras de Francisco os decimos: «no os dejéis robar la esperanza».
Desde el misterio de la Eucaristía, vida entregada para la vida del mundo, os animamos aquí a mirar la realidad desde los pobres, a escuchar su clamor y a generar cada día pequeños espacios de esperanza.

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