Noches de Luna Negra

Mosquitia (Honduras), lunes 14

El helicóptero llega cada 5 días. Alguien viene a fumigarnos el container. Algún graciosillo ha añadido un palito delante del 4 y por eso seguimos pareciendo paellas.

Pai ha despertado y llora. Sigue con fiebre y no sangra. La placa está limpia, pero me preocupa su bazo. No sé por qué ella. Quizá viejos fantasmas de Angola, de Chia…, quizá es una revancha al destino. Esta vez le voy a ganar la partida. Esta vez no me va a ganar.

Diego, el nica piloto, me dice que él mismo ha enviado mis e-mails y la carta de ama. Me fío. Cena con nosotros. Nos tortura sobre Sandino y el FNL. Trae maría y ron. Fumamos. Bebemos. Compartimos secretos inconfesables. Se marcha medio bolo a dormir al helicóptero. Nos juramos no volar con él.

Nos sentamos en la noche y acariciamos la luna con nuestros ojos. Me pregunta que por qué escribo, le contesto que para no morir, para no ceder a mi alma, para escapar, para cobijarme en mi piel blanca con sangre azul de tinta, para poder acordarme de cómo es la sonrisa de Ella,  para que esta luna cobije mis sueños cuando no esté, de cómo suenan sus ronquidos, para sentirme vivo, para sentirme simplemente. 

No le pregunto nada. No necesito saber nada de él. Lo que él cuente. Lo que él desee contarme, lo que necesite contarme…, quedará acá en la noche y en la luna, en esta escalera de madera húmeda y tibia.

Le hablo de Pai, de la niña del box 7. Sigue sin sangrar. Dos días más. No pido más. Es lo único que le pido al destino, dos días para engañarle y meterle la Vida por donde le quepa.

Doy una vuelta por el campo. Saludo a los vigilantes misquitos. Fumo un cigarrillo con ellos.

Entro en el box 7. Está sedada. Miro su orina. No hay hematuria. Bien. Sigue con calentura alta. Mal. Me quedo mirándola un rato infinito. Le acaricio el pelo. 5 gotas por minuto de suero. 5 gotas de vida por esperar. Me dan ganas de levantarla y oler su piel. Necesito atarme a alguien acá. Necesito tener un motivo de lucha, de rotura con la realidad.

Meto mi mano en el bolsillo de mi pantalón gastado y le dejo al lado de su cabecita color tierra mi nariz de payaso loco. Le beso en la frente y le doy las buenas noches en miskito recién aprendido.

Salgo de la tienda. Miro a la luna enorme. Solo un día. Una noche más. Solo una noche más. Por ella. Por mí. Por la Vida.

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