En memoria de Luis Gutiérrez, csv

Luis Gutierrez, csv

Luis, quiero darte las gracias por tu vida, por tu trabajo incansable hasta el final, por tu vocación vivida con ilusión; porque creíste que los seglares podíamos formar parte junto a vosotros, los viatores religiosos, en la hoy ya madura Comunidad Viatoriana.

No tuviste hijos biológicos, pero siempre las y los viatores asociados lo fuimos un poco; mejor dicho, un bastante, tus “hijos”, al menos así lo sentimos al recibir tu acogida, tu familiaridad, tu cariño a todos nosotros y a nuestras familias.

Nos enseñaste con empeño y devoción lo que el P. Querbes, nuestro fundador, consideraba un don para la Iglesia: una comunidad formada desde el Evangelio por religiosos, laicos, sacerdotes, personas casadas, hombres y mujeres célibes, viudos, que compartiendo un mismo proyecto de espiritualidad, vida comunitaria y misión, anunciáramos a Jesucristo y su evangelio, en comunidades en las que se vive, se profundiza y se celebra la fe.

Nos has defendido hasta tus últimos días con tus escritos, tu sabiduría, tu esperanza, tu optimismo y tu buen hacer. Hoy siento que nos dejas un poco huérfanos, no podré coger el teléfono y consultarte cualquier duda que tenga, en la seguridad que te ponías manos a la obra y se me solucionaba. Sé que te echaremos todos mucho de menos, pero también creo que desde tu descanso, con tus ideas ya muy claras y comentando mano a mano con el P. Querbes y todos los viatores que nos precedieron, nos ayudarás, nos aconsejarás, en una palabra, nos seguirás cuidando.

Gracias, pues, por tu vida, por tu fidelidad en tu vocación de viator religioso, por tu ejemplo, tu sonrisa, por haber tenido muy presente el pasado con tus estudios e historia de los viatores;  trabajando sin descanso en el presente con tu espíritu jovial, teniendo en cuenta siempre los “signos de los tiempos” y con gran esperanza en el futuro de esta Comunidad Viatoriana, que soñabas.

He compartido contigo muchos años en la comunidad como hermano o, mejor, como te decía al principio, como padre. Que el Señor te acoja en su mano y te premie como mereces.

Maribel Alocén, viator asociada

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