COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Primer Domingo de Cuaresma

Tentados como Jesús

Al comenzar la cuaresma la Palabra de Dios nos recuerda cuál es nuestra realidad: somos barro y aliento. Somos fragilidad, pero contamos con el Espíritu de Dios. Echándole imaginación lo podemos poner en paralelo con las fórmulas que utiliza la liturgia el miércoles de ceniza. Somos polvo, incluso podríamos decir que en ocasiones estamos hechos polvo; es decir, rotos y cansados. Pero, a la vez, sentimos en nuestro interior una invitación permanente: conviértete y cree en el Evangelio; es decir, deja los caminos que te dejan hecho polvo, roto y cansado, y adéntrate en los que te reconstituyen y te rehumanizan. Los clásicos señalados por la Iglesia han sido: el ayuno, la limosna y la oración.

La lectura del libro del Génesis, tomada en sí misma, puede llevar a la aberración de pensar que la mujer es camino de perdición para el varón. Nos falta el complemento de lo que viene a continuación, en el capítulo 3. La cuestión que se plantea es primeramente antropológica: cómo conjugar el binomio inseparable libertad-responsabilidad. Esto vale para Eva, la mujer, que en el ejercicio de su libertad acepta la invitación de la serpiente, aunque ello suponga saltarse algo prohibido. Esto vale para Adán, el varón, que en el ejercicio de su libertad acepta la invitación de Eva, aunque ello suponga saltarse algo prohibido. Modelos de la condición humana tentada, al margen de que la persona sea religiosa o no.

También hay una lectura religiosa, muy actual por cierto: fiarnos o no de Dios. Hacer nuestro camino con él o sin él. Es el dilema que se le plantea a la primera pareja del libro del Génesis y a los hombres y mujeres del siglo XXI: acogerle a Dios o rechazarle. Hacer su voluntad, buscando sus caminos, o hacer nuestra voluntad, nuestro propio camino, porque nos parece que es más adecuado, más oportuno, más actual, más eficaz, políticamente más correcto,…

Ese es el gran engaño del tentador: hacernos creer que Dios es enemigo de lo humano y que sólo rechazándole es como nos realizamos plenamente como personas. Es más, albergamos la ilusión de poder llegar a ser como dioses. Nos podemos preguntar, y la respuesta es personal e intransferible, si una vida alejada de Dios nos hace más felices, nos hace más humanos y nos hace más hermanos. Pero la tentación permanente es a olvidarnos de él.

De esto nos habla el evangelio de hoy, de la tentación que acompañó a la vida de Jesús. Nosotros, si no somos inconscientes o ingenuos, hemos de reconocer que llevamos una vida tentada, como la de Jesús.

Jesús es llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Nos recuerda el desierto que tuvo que atravesar el pueblo de Israel en su peregrinar hacia la libertad. En el desierto la fe del pueblo fue tentada. Sucumbieron a la idolatría: prefirieron adorar la estatua hecha con sus manos a confiar en el Dios liberador. Simbólicamente es el desierto de la vida, cuando la desorientación es absoluta y no se sabe el camino que se ha de seguir.

En el bautismo Jesús experimentó el amor que Dios le tenía. Se sintió llamado a una misión: a gritar a los cuatro vientos que Dios es Padre de todos, sin excepción. La misión era clara. La dificultad que se le planteo fue la de cómo llevarla a cabo ¡Había muchos caminos! Algunos ya estaban siendo transitados por los diferentes grupos políticos-religiosos del judaísmo. Jesús no quiere hacer “su” camino, quiere que su camino sea el camino de Dios. Está en juego hacer la voluntad de Dios. No es suficiente con trabajar por el Reino, hay que hacerlo al estilo de Dios. Esto no lo tendríamos que olvidar los que nos sentimos comprometidos en la evangelización: el Reino de Dios es inseparable del Dios del Reino. Más allá de las estrategias humanas, tenemos que transmitir el evangelio “como Dios manda”.

A Jesús tampoco le resultaría fácil no dejarse llevar por la pura lógica humana para ser eficaz. Es plenamente legítimo convertir las piedras en pan para saciar el hambre. Sobre todo si es el del prójimo. En ello hemos estado los últimos años, en eso que hemos llamado estado del bienestar. Nos hemos quedado en el puro materialismo. Pero como nos recuerda Jesús, “no sólo de pan vive el hombre”. Hoy vamos tomando conciencia de que el “bien estar” tal vez nos estaba alejando del “bien vivir”. Hay grupos sociales, sin referencias religiosas explícitas, que se están organizando en torno a recuperar el sentido de la “vida buena”. Los cristianos estamos invitados, casi urgidos, a entrar en esa dinámica, apoyados en “toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Tendremos que estar atentos para no manipular la Palabra de Dios, como vemos que lo hace el tentador en el evangelio de hoy. Pone lo más sagrado al servicio del mal. Tentación permanente: manipular la y desde la religión.

primer-domingo-de-cuaresmaLa gran tentación es creer que el poder es más eficaz que el servicio, sobre todo en la dinámica de la evangelización. El tentador le ofrece a Jesús subir cada vez más alto (hasta físicamente, templo-montaña), tener un poder cada vez más absoluto, que le asegure un éxito deslumbrante. Pero esto choca frontalmente con la voluntad de Dios, que ha elegido precisamente el abajamiento como dinámica y camino de salvación.

Nosotros, ¿por qué camino optamos: el que aparentemente nos lleva a la cumbre o, por el contrario, el del descendimiento? En la cumbre caben solo unos pocos. Los que han llegado primero por esfuerzo personal o haciendo trampas. En el llano se encuentran las personas que tienen pocas o ninguna posibilidad de ascender, porque son víctimas de la desigualdad, de la injusticia, de la corrupción, del egoísmo…

Estábamos en el camino de “ascenso”, cada vez más arriba, cada vez más consumo, cada vez más… hasta que nos encontramos con los propios límites de una crisis económica mundial que nos dice a gritos, aunque no queramos escuchar, que ése no es el camino. Crisis económica que está generando una crisis política mundial sin precedentes. El camino de “ascenso” nos estaba llevando a estar cada vez más fuera de nosotros mismos, más descentrados, más superficiales…

El camino, y no estará de más volver a recordar lo que nos dice el Papa Francisco en la “Laudato si”, pasa por el decrecimiento, por la austeridad, por el ayuno, en términos religiosos cuaresmales. Pasa por entrar en contacto con la propia necesidad y por el consumir lo justo para que el otro tenga lo necesario.

El camino pasa por descender hasta nuestros bolsillos, la limosna, en términos religiosos cuaresmales, como modo de ponernos en contacto con el prójimo y su necesidad. Incluso haciendo la apuesta de ponernos en contacto con otras personas y grupos humanos que también trabajan por un mundo más justo.

El camino pasa por descender a la propia interioridad, la oración, en términos religiosos cuaresmales, allí donde se nos desvela lo más humano de nosotros mismos y se nos revela lo más divino. Allí donde nos espera Dios para susurrarnos su voluntad y donde podemos escuchar, como Jesús: “al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”.

En esos caminos seremos tentados, como Jesús.

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