COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Tercera Semana del Tiempo Ordinario

¿Todavía en tinieblas?

“El pueblo que caminaba/habitaba en tinieblas vio una luz grande”. “Caminaba”, se nos dice en el texto del profeta Isaías. “Habitaba”, se nos dice en el evangelio. Tal vez sea un tema de traducción y de traductores. No sé cómo se escribió en hebreo ni cómo se tradujo al griego. Tal vez no sea lo más importante. Es cuestión de matices. Pero hemos de reconocer que a veces son los matices los que hacen que las cosas sean de una manera o de otra. Caminar es más dinámico que habitar. El que camina en tinieblas, a pesar de las dificultades, tiene la posibilidad de acercarse a la luz. La persona, creyente o no, que habita en tinieblas tal vez haya dado la batalla por perdida y sean las tinieblas la que le habiten a ella. Que sea una cosa u otra es más que un simple matiz. (Si has llegado hasta aquí, perdona por esta introducción. No está escrita “para rellenar”. Creo que es importante. Es más, creo que se podría haber terminado aquí el comentario, dejando como sugerencia el responder personalmente a: ¿Camino en tinieblas? ¿Habito en tinieblas? ¿Soy habitado/a por las tinieblas?… Y si todavía te quedan ganas, la siguiente pregunta sería: ¿y qué pinta Jesús en todo esto? ¿Es luz para mí? Si lo es, ¿cómo?).

“Pueblo” y “tinieblas” son términos comunes en las dos lecturas. “Mundo en tinieblas” se puede decir que es común en tiempos del profeta Isaías (o su escuela, según los entendidos), en tiempos de Jesús (o de la comunidad mateana para los que son más catequetas) y en nuestros hoy, 22 de enero de 2017 de la era común (y así no enfadan los que ven d. C.).

Sí, hoy también vivimos en tinieblas. Me atrevo a señalar dos, y sé que puedo ser tañado de populista, demagogo y de hacer seguidismo a la prensa. Sé que hay muchas más y que cobran importancia en función de la sensibilidad personal.

Uno, el comienzo de la era Trump. No sé si al final de su mandato se verá “una gran luz”. Ahora mismo mucha gente, demasiada, ya se ve amenazada, incluso ha sido víctima de sus fanfarronadas (y si no que se lo pregunten a los mexicanos y la devaluación de peso).

Dos, Europa y su política respecto a los refugiados. La ola de frío que nos ha visitado estos días (¿el invierno “de los de antes”?), puede que nos haga replegarnos excesivamente sobre nuestros ombligos y ver el frío que pasamos (y más que vamos a pasar si finalmente sube la energía eléctrica en la proporción anunciada), en nuestros problemas en las carreteras, en nuestros… Si levantamos un poco la cabeza y vemos lo que están pasando los refugiados, se nos tendría que helar el alma (y a quien no le guste el término “el alma”, lo puede sustituir por “las entrañas”).

tercera-semana-del-tiempo-ordinarioLos que nos hemos ahorrado el gran paréntesis del primer párrafo, y aunque sea de forma más leve, nos podemos preguntar por nuestras tinieblas personales; por las que son más temporales (desgracias, incertidumbres, mala racha,…) y las que son más consustanciales a nosotros, y que parece que la edad no ayuda a salir de ellas (por su puesto, sin olvidar el pecado personal… el pecado, más que pecados… que estos últimos los podríamos englobar como “temporales”).

Todo lo anterior empalma con otro de los mensajes claros del evangelio de hoy: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos”. Llamada, permanente, a la conversión, permanente. Subrayo lo de permanente porque es la invitación que hicieron los profetas, Juan Bautista, Jesús… y sigue-seguimos haciéndolo la Iglesia.

No estaría de más que al invitar a la conversión lo hiciéramos al estilo de Jesús. No vale cualquier estilo. Jesús no se retiró de forma permanente al desierto, aunque buscará tiempos frecuentes para estar a solas con el Padre, sino que Jesús anduvo por los caminos de Palestina, también por los más “paganos”, como podían ser los de Galilea, donde comenzó su misión. Hemos de reconocer que la labor evangelizadora la realizamos más a gusto “entre los nuestros” (que no quiere decir que no estemos necesitados de escuchar la llamada a la conversión).

Jesús no fue un asceta austero, al contrario, era considerado un “comilón y borracho” (hace unos años me pidió un amigo que le ayudará con un trabajo de cristología, le puse una única condición, que se titulara: “Comilón y borracho. Título cristológico”. Está claro que el trabajo iba a versar sobre la “comensalidad” de Jesús). ¿Cómo siguen siendo nuestros modos de evangelizar? ¿En qué nos puede la austeridad y a qué le dedicamos tiempo, energía y dinero generosamente? Hoy, como ayer, el trato humano, la cercanía, es el mejor medio, aunque sea el más expuesto.

Nuestro estilo de comunicar sigue siendo más cercano al del Bautista: “¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?… El hacha está ya tocando la base de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego… Todo esto lo decía para anunciar, como Jesús, que estaba próximo el Reino de los Cielos. De Jesús nos dice el evangelio de hoy, en la parte que “puede omitirse por razón de brevedad” (sic): “recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo”. La diferencia es clara, Juan Bautista parecía que enviaba a la gente al infierno, Jesús se esforzaba por sacarlo de él.

Un modo de llamar a la conversión, y de convertirnos nosotros mismos, es amando como Jesús amó; dándole importancia a lo que él le dio; acercarse a las personas, sobre todo a las más vulnerables, como él se acercó; confiar (y confiarse) en Dios Padre como él confío;… así, pareciéndonos a Jesús, convirtiéndonos, es como vamos haciendo que esté cada vez más cercano el Reino de Dios… y que dejemos caminar/habitar en las tinieblas.

Hasta aquí. Ahora tocaría hablar del seguimiento. De la vocación, de la relación conversión-llamada. De dejar lo de cada día, monótono pero seguro, para hacer la aventura -¡qué miedo!- de fiarse de Jesús. Queda para otra ocasión (igual que hablar de la Infancia misionera, cuyo lema este año es: “Sígueme”; e igual que hablar del octavario de oración por la unidad de los cristianos, a lo que se hace referencia en la carta a los Corintios: “…poneos de acuerdo y no andéis divididos…”). Como decía más arriba, la liturgia nos dice que “puede omitirse por razón de brevedad”. Una pena, el domingo que viene vamos a escuchar las bienaventuranzas sin saber a quiénes se dirigen. Tal vez por eso pensemos que no son para nosotros. Tal vez por eso todavía estemos en tinieblas.

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