COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Ascensión del Señor

Enviados a ser testigos del Resucitado

La primera lectura, comienzo del libro de los Hechos de los apóstoles, y el evangelio, final de san Lucas, nos han presentado dos versiones de un mismo hecho: la ascensión de Jesús. Ambas versiones están escritas por el autor; sin embargo, hay diferencias importantes en las que ahora no vamos a entrar.

Lo que tienen en común ambos textos es el mandato de Jesús de esperar a la venida del Espíritu Santo para proseguir con la evangelización, la causa del Reino, en todo el mundo. Envío misionero con el que se inaugura el tiempo de la Iglesia.

Es importante recordar que somos enviados a la misión. No vamos por nuestra cuenta. Enviados por el Resucitado tenemos que ser portadores de su mismo Espíritu. No vale implantar el Reino de Dios de cualquier manera, tiene que ser al estilo de Jesús. Objetivos y medios al estilo de Jesús. Por eso es bueno que, en ocasiones, la Iglesia haga convocatorias propias a favor de causas de un colectivo concreto, de toda la ciudad, incluso de la Humanidad.

Septimo Domingo de Pascua - Ascension del SeñorUna de esas convocatorias es la que realiza nuestro obispo en su primera carta pastoral a la comunidad diocesana con motivo de las fiestas patronales de San Prudencio y Ntra. Sra. de Estíbaliz. Nos dice así:

No podemos mirar a otro lado y la atención a los pobres se convierte en termómetro de nuestra autenticidad cristiana… Importancia especial tendrá el Gesto Diocesano, “Sé refugio–Zeu ere babes”, el viernes 13 de mayo, a las 19:00, en la Plaza de la Blanca. 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares para salvaguardar su vida y sus derechos. Todos, empezando por los gobiernos, corremos el riesgo, de quedarnos con los números. Pero como decía el Papa el pasado mes de abril en su visita a la isla griega de Lesbos: “no debemos olvidar que los emigrantes, los refugiados, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias.”

El obispo ha hecho su tarea: convocarnos. Ahora nosotros tenemos que hacer la nuestra: asistir. Es un modo de ser “Iglesia en salida”. Una iniciativa más que se suma a la de otras realidades eclesiales de nuestra diócesis.

Es el tiempo de la Iglesia. Es el tiempo de la misión. La pregunta que les hacen a los apóstoles, “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”, nos tiene que resonar siempre para no caer en espiritualidades descomprometidas. El otro polo suele ser el del activismo o el de las ideologías sin el Espíritu de Jesús, sin “la fuerza de lo alto”.

Es el tiempo en que somos enviados por el Resucitado a proclamar nuestra fe y a ser testigos de nuestra fe, en Jerusalén, entre las personas más cercanas, con las que nos relacionamos cada día, y también en las más lejanas y novedosas, como lo es la realidad virtual: el sexto continente.

En el anuncio de la fe tendremos que usar todos los medios que estén a nuestro alcance. Lo tenemos que recordar hoy que se celebra la 50 Jornada Mundial de los medios de comunicación. Si en tiempos de Pablo VI eran la radio y la TV los medios modernos que se podían usar como instrumentos al servicio de la evangelización, hoy, las redes sociales se han convertido en los nuevos espacios para la evangelización.

No podemos quedarnos al margen de esta realidad, nuestros niños y jóvenes, adultos cristianos del futuro, ya son nativos digitales. Como nos dijo Jesús: “a vino nuevo, odres nuevos”, aplicable a las tecnologías de la información y de la comunicación.

Del mensaje del Papa Francisco para el día de hoy, cuyo título es “Comunicación y misericordia: un encuentro fecundo”, se pueden entresacar algunas ideas:

  • Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos.
  • La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión.
  • Es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger.
  • No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición.
  • El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral.
  • También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.
  • Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra.
  • En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.

El Papa predica con el ejemplo: hoy ha enviado su primer mensaje-tarjetón a través de Instagram, la red social en la que se encuentran millones de jóvenes. Conciencia de ser enviados a ser testigos del Resucitado en una realidad virtual que está poblada de personas, destinatarias del mensaje del Evangelio.

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