COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario

La importancia de acercarse a Jesús

“Dios no hizo la muerte… las criaturas del mundo son saludables”. Estas palabras del libro de la Sabiduría deberían quedar grabadas en el corazón de todo creyente. Es la afirmación que late en las primeras palabras de la Biblia: Dios es un Dios creador, es dador de vida, todo lo va creando por amor, todo lo creado es bueno y la criatura por excelencia, la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, es muy buena.

Si esto es así, si Dios “no se goza destruyendo a los vivientes”, si “en la criaturas no hay veneno de muerte”, ¿cómo es posible que se haya ido desarrollando y extendiendo la idea de que Dios es enemigo de lo humano?

Tarea: corregir la imagen que tenemos y/o transmitimos de Dios. Para ello no hay nada mejor que acercarse a Jesús.

Centrándonos en el relato evangélico que se proclama hoy, algunos comentaristas afirman que el relato de la hemorroísa es un artificio literario para “retrasar” la curación de la hija de Jairo, y así darle mayor valor a dicho milagro. Otros comentaristas por el contrario, afirman que el corazón de estos dos relatos continuados es, precisamente, el relato de la curación de la hemorroísa. Otros comentaristas, finalmente, dicen que son relatos independientes que los unió el redactor de la comunidad de Marcos. No nos importa tanto el cómo fue como el sentido que tiene hoy para nosotros y la enseñanza que nos muestra. Señalamos dos:

Primera enseñanza: cada uno debe acercarse a Jesús como puede.

Acercarse a Jesús desde la confianza, como Jairo, que se acerca para pedirle que sane a su hija. Acercarse a Jesús desde la vergüenza de sentirse “impura” para “arrancarle” a Jesús la sanación, como lo hace la hemorroísa. Cada uno tiene su mérito. Jairo, jefe de la sinagoga, se “rebajó” para hacer aquella petición a Jesús. Implícitamente estaba confesando que Jesús no era un profeta cualquiera. La mujer, al tocar a Jesús, estaba trasgrediendo todas las leyes y prohibiciones religiosas. Era mucho lo que arriesgaba.

Segunda enseñanza: algunas personas se acercan a Jesús desde donde los demás les han puesto

A la hemorroísa le hicieron interiorizar que era impura y despreciable a los ojos de Dios. Le pusieron por delante las palabras de la Ley, dichas y dadas para suscitar Vida, como muro que le impedían acercarse al Dios de la Vida. Se había pervertido el sentido de la Ley.

Decimotercer domingo del tiempo ordinarioPregunta a la luz de este relato: hoy, qué personas o qué colectivos no se creen “dignos” de acercarse a Dios porque nuestros prejuicios, nuestras deformaciones humanas de la Ley de Dios, se lo impiden. En ocasiones escuchamos expresiones como estas, “ya sabes, no puedo creer, vivo en pecado”. Es lo único que les ha quedado del acercamiento que tuvieron al mensaje cristiano: la conciencia de pecado que les lleva a alejarse de Dios. Aunque lo vivan sin culpabilidad, ¿dónde queda la misericordia de Dios y el Dios de la misericordia? Algo no hemos hecho bien, en el Evangelio los pecadores se acercan a Jesús, no se alejan de él.

Convicción pastoral: ¡Qué distinto sería si en los procesos evangelizadores, en los que nos tendríamos que empeñar todos los bautizados, nuestra primera palabra fuera la Palabra, con mayúsculas, el Evangelio y la persona de Jesús! Da lo mismo que se trate del primer anuncio, cada vez más frecuente en países “cristianos”, o de procesos catequéticos de las personas que ya han sido iniciadas en la fe: primero la Palabra.

Tenemos que permitir a la gente acercarse a Jesús. No pueden ser nuestras palabras y nuestras actitudes, en ocasiones “religiosas”, las que se lo impidan.

Sólo después de que les hayamos ayudado a acercarse al Evangelio y les hayamos permitido hacer experiencia de la Vida que se nos regala en él, vendrán nuestras palabras, esas que tan torpemente traducen a Jesús y lo de Jesús.

No es sólo problema de comunicación: “vendemos” mal el Evangelio, “ofertamos” mal a Jesús. También es problema de pedagogía: la vinculación primera ha de ser a Jesús, si es que queremos que haya personas que quieran aventurarse en su seguimiento y, posteriormente, en la vinculación a la Comunidad que dice que quiere seguir a Jesús.

Primero es el acercamiento a Jesús. Desde la confianza que arriesga o desde el miedo del que se siente impuro. Desde la necesidad de un milagro o desde la superstición de tocar un manto; cada persona desde donde pueda… pero acercarse a Jesús, para poder escuchar sus palabras que “devuelven a la vida”: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y con salud… No está muerta, está dormida… contigo hablo, levántate”

Hablamos de la pastoral y del proceso de evangelización, de ayudar a otras personas a acercarse a Jesús. Pero antes, y ante ese mismo Jesús, el Cristo, tú y yo nos podemos preguntar qué parte de mi vida necesita ser evangelizada, revitalizada: ¿cuáles son mis flujos de sangre? ¿por dónde se me escapa la vida? ¿en qué, en quién, gasto mi fortuna, física, psíquica y espiritual? ¿de verdad, experimento que acercarme a Jesús es para mí fuente de vida, experiencia sanadora y salvadora?

Jairo y la hemorroísa fueron conscientes de la importancia de acercarse a Jesús.

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