Oraciones al caer de la tarde 01

KEITA MAMADOU

¡Dios mío, qué mal trago he tenido que beber esta tarde!
El cocinero me ha pasado un recado telefónico. No le he entendido. Algo de un chico que estaba en la Seguridad Nacional y que me esperaba. No sabía de qué ni de quién se trataba… Me he dicho: si es algo importante, llamará de nuevo… No, no ha vuelto a llamar. Me he preocupado un poco y he preguntado de nuevo al boy. Michel no sabía cómo se llamaba…
—Algo así como Keita…
No conocía a ninguno que llevara ese nombre. He ido a la “Sûreté Nationale”. Me he sentido impelido a dejar mis cosas y tomar el coche para ver qué pasaba…
Me he dirigido al policía del calabozo. En el patio:
—¡Buenos días!
—¡Buenos días!
—Alguien me ha llamado por teléfono, pero no sé quién…
Un gesto de extrañeza o de incomprensión…
—Pues… no sé. Suba arriba y pregunte.
En ese mismo momento, he visto una cara por la ventanilla enrejada (ha tenido que trepar porque estaba muy alta) y he oído un grito desesperado:
¡Soy yo, soy yo, Keita!
Entonces le he reconocido,
Hace un par de semanas vino a verme con el antebrazo vendado y la gasa llena de pus y sangre… Le habían atacado unos bandidos con un machete.
Eso dijo…
oraciones-al-caer-de-la-tardePerdí muchas horas, mucho dinero. Al final, al cabo de dos días de ir al hospital con compresas, con más medicinas, con algodón, alcohol, valium y hasta guante de cirujano, con instrumental para operar a una decena de enfermos….
Le admitieron en el bloque operatorio… Estaba desesperado con el dolor del chaval y con la maldad del médico y, sobre todo, del enfermero. Me dijeron que no me preocupara y, con cierta aprensión, le dejé en el hospital…
Y ahora estaba en el calabozo. Y ¡qué calabozo! Desnudo, sus viejas zapatillas, su pantalón totalmente desgarrado y sucio, su vieja camisa, que no era sino un harapo, estaban en un triste envoltorio a la entrada de la celda.
Pregunto al policía —que bromeaba descaradamente con una mujer joven— y me contesta que es un bandido. Le acusan de haber atacado en banda a un taxista. Este quiso defenderse y el chico se hirió en el brazo con la ventanilla del coche…
Keita grita y grita:
—No, Hermano Carlos, yo no he sido…
Explico al malencarado agente lo del hospital. Cómo la herida era de machete, cómo me hice cargo de él, que la fecha no coincidía con la del atraco al taxista… Con malas pulgas me dice que no me preocupe, que tendrán todo eso en cuenta…
Me he venido con la duda de si he hecho o no todo lo posible para sacarle de aquel tenebroso agujero. Seguro que no ha comido, que está pasando frío, que no ha sido el atracador…
¿Tendría que haberle visto salir yo mismo? Y ¿si hubiera subido a ver al Jefe, al que, precisamente conocía? ¿Me he fiado demasiado del grosero policía?
Señor, todos estos atropellos a muchachos inocentes, toda esta carencia de respeto, de justicia a las persona, toda esta indeferencia, esta brutalidad… me hacen daño, me hieren el alma… ¿Qué hacer, Dios mío? Cuida a Keita Mamadou… Señor.
¡Hasta mañana!

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