COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

De las llagas del resucitado brota la vida

A los ocho días de haber celebrado la Pascua con gran solemnidad, volvemos a reunirnos para celebrar nuestra fe en la resurrección. Hoy lo hacemos con un gozo especial al unirnos a toda la Iglesia para celebrar las canonizaciones de dos hombres singulares: Juan XXXIII, el Papa bueno, y Juan Pablo II.

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer que la fe en la resurrección vive horas bajas. Es más moderno, y hasta políticamente más correcto, creer en la reencarnación. Para algunos incluso más científico, ya que estaría más cerca de los postulados de la física cuántica. No es de extrañar que algunos teólogos católicos, preocupados por hacer razonable el fundamento de nuestra fe, digan que hay que repensar la resurrección.

Es bueno que nos salga al camino pascual Tomás “el incrédulo”. Da el perfil de muchos de nuestros contemporáneos, que (dicen que) son, por lo menos en cuestiones religiosas: empiristas, racionalistas,… “creyentes” en la ciencia. Es el único conocimiento posible y verdadero. Todo hay que verificarlo experimentalmente.

Tomás tampoco se conforma con lo que los otros le dicen. Hace bien. Todo ha podido ser fruto de la histeria colectiva, tan típica en algunos eventos religiosos, tan típica en algunos eventos políticos y deportivos.

Él tiene que comprobar lo que le dicen. Hace bien. La fe supone la experiencia del encuentro personal con el resucitado.

Pero hay algo más, y en esto nos podemos sentir solidarios con su “incredulidad”: para Tomás no es suficiente con que Jesús haya resucitado. No es sólo el destino personal de Jesús lo que está en juego, sino todo su proyecto, aquello por lo que Jesús vivió, gozó y sufrió, aquello que le llevó hasta la muerte en la cruz.

Para Tomás son importantes las llagas del resucitado: en ellas está escrita la biografía de Jesús. En las llagas están grabados los momentos de alegría y de gozo, en los que prorrumpe en acción de gracias al Padre, porque el misterio del Reino ha sido revelado a los sencillos y a los humildes. Los momentos de tristeza por la pérdida del amigo. Los sentimientos de ternura ante las muchedumbres a las que ve como ovejas sin pastor.

Las llagas son el testimonio del enfrentamiento de Jesús con el poder político, al que le marcará los límites: “dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. En las llagas se refleja el enfrentamiento con un poder religioso mercantilizado: “habéis hecho de la casa de mi padre una cueva de ladrones”.

En las llagas queda condensada la opción de Jesús a favor de los excluidos, de los enfermos, de los empobrecidos, de los pecadores.

Tomás quiere comprobar que el que ha resucitado es el mismo que murió en la cruz. Las llagas son el mejor testimonio de que Dios le da la razón a la persona de Jesús y a su causa, a su opción por el reino.

Segundo domingo de pascuaEn las llagas de Jesús está en juego su destino personal y su proyecto, y en él el proyecto de tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia han querido hacer en su vida la aventura del seguimiento de Jesús.
Está en juego el sentido de la vida de María, la oyente de la Palabra, la que creyó en las promesas que Dios le había hecho a su pueblo desde antiguo, y siendo madre tuvo que hacerse discípula, en el seguimiento de Jesús hasta al pie de la cruz.

Está en juego la vida de Pedro y de todos sus compañeros, que dejaron su proyecto de vida, lo abandonaron todo por seguir a Jesús y apostar por el reino por él anunciado. Está en juego la vida de tantos mártires que a lo largo de la historia han querido reproducir su entrega total por la causa de Dios y su Reino.

Las llagas de Jesús nos recuerdan que aquello por lo que vivió y luchó Jesús, aquello que le llevó a la muerte, es bueno, es verdadero y es querido por Dios. Las llagas de Jesús nos recuerdan que todo compromiso por instaurar el Reino de Dios lleva en su seno la promesa de la vida definitiva, más allá del aparente fracaso.

Un Jesús resucitado sin llagas no habría suscitado la confesión de fe en Tomás. Hoy también hay gente que accede a la fe en el Resucitado desde su implicación personal con tantas personas heridas por la pobreza, la marginación, la violencia,… En esas circunstancias descubren maravillados que Dios sigue suscitando vida y esperanza donde parece que no hay más que signos de muerte.

Los que hemos creído en el Resucitado por la Palabra y el testimonio de la Comunidad, también somos invitados a meter los dedos en las llagas de tantas personas, llagas personales y sociales, y ahí también reconocer la presencia del Resucitado: “Señor mío y Dios mío”. Reconocer agradecidos que de las llagas del Resucitado brota la vida.

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