Oración de un viejo Viator para un día cualquiera

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Señor, sabes que llevo toda la vida tratando de doctorarme en el arte de vivir.

Ahora que voy acercándome a la frontera de las vidas, te doy gracias por los cuatro costados de la mía. Estoy contento de haber vivido y confío que Tú me seguirás acompañando y enseñando a envejecer como cristiano.

Que tu Palabra, que tanto he buscado, valorado y orado, vaya consolidando mi visión creyente, evangélica y esperanzada de la vida. Vete quitándome el orgullo de mi experiencia pasada y de sentirme indispensable.

Que en este gradual desapego de las cosas, yo sólo vea la ley inexorable del tiempo. Que considere este relevo en los trabajos, como manifestación interesante de la vida que se renueva bajo el impulso de tu Providencia.

Convénceme de que no fueron ni son injustos conmigo quienes me quitaron responsabilidades, ni los que ya no piden mi opinión, o llaman a otro para que ocupe mi puesto.

Líbrame, Señor, de esa como obsesión por la salud, que merodea por los entornos de la vejez y la tiñe de una melancolía difusa, o de constantes quejas, que arrugan y afean el rostro de las vidas inmaduras. Señor, ayúdame a sentirme útil todavía en mi Comunidad.

Lima las aristas duras de mi personalidad y las reacciones primarias de mi temperamento. Aterciopela de empatía mis juicios sobre las personas y hazme suave, asertivo, sereno, cariñoso y solidario con la Comunidad.

Que, a fuerza de mirar a las personas y la vida por su lado bueno, conserve entera hasta el final, la capacidad de admirar las maravillas que Tú has puesto a mi alrededor. Y dame la serenidad y la sabiduría definitivas de saber aceptar el declive de una vida, que espera otra Vida mejor.

¡Y, Gracias por creer, gracias por la Fe!

Gracias también a cada uno de los Viatores de las tres comunidades de Vitoria: a unos, por su cercanía y apoyo. A otros, por su cariño y amistad profunda demostrada. A otros, por su crítica, bienintencionada sin duda, porque me han enseñado a vivir mirando un poco más allá de mi ombligo.

Tú sabes, Señor, que malo no he sido. Pero perdona mis omisiones, pecados mayores, especialmente mis omisiones contra el Amor y la Solidaridad.

Y que Tú y mis hermanos vengáis siempre en mi ayuda.

 Juan Antonio Ortiz de Zárate, Viator
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