14 de octubre, canonización de San Romero de América

Hay infinidad de imágenes de Monseñor Romero, pero hoy voy a utilizar la que durante varios años tuve en mi lugar de trabajo. Tenía 23 años cuando lo asesinaron, seguíamos sus homilías y sospechábamos lo que llegaría. Y fui también consciente que somos seguidores de un crucificado.

monseñor romero

ROMERO, OSCAR (1917-1880)

Obispo católico de El Salvador, defensor de los derechos humanos, asesinado el año 1980.

Romero había sido un piadoso hombre de Iglesia, un sacerdote culto, amigo de la justicia, aunque alejado de la vida real de su pueblo. Pero unas semanas después de haber sido nombrado arzobispo, el 22 de febrero de 1977, uno de sus colaboradores, hombre para el pueblo, abierto a la vida y la muerte de todos, en solidaridad cristiana, el P. Rutilio Grande SJ, fue asesinado por un escuadrón pagado por los poderes de la muerte (en contra de su pueblo).

Ese acontecimiento transformó la vida de Romero, que salió a conocerla vida y sufrimiento real de su pueblo y desde entonces hasta su “asesinato” por las fuerzas del “imperio” a lo largo de tres años de intenso compromiso episcopal se convirtió en la voz de los sin voz, testigo de Jesús, denunciando los crímenes de la dictadura económica y social de su pueblo y anunciando de una forma muy concreta las exigencias y dones del evangelio, en sus homilías radiadas cada domingo a todo el país.

Con su ejemplo y su palabra, Romero fue presencia real de Jesús en medio en los pobres, los empobrecidos y asesinados. No hizo más que decir la verdad, con miedo de ser asesinado, pero con lealtad a Jesús, y así le quisieron, le quiso su pueblo, que ha hecho santo, antes que lo haga Roma. Le mataron como a Jesús, pero con una diferencia:

— A Jesús le mataron a cara descubierto, tras un juicio público, de forma que sabemos el nombres y apellido de sus asesinos “legales”, políticos y religiosos.

— A Romero le mataron a pleno día, pero a escondidas, sin juicio público previo, condenado por los poderes fácticos , fusilado cuando decía misa por un escuadrón del pueblo.

Así me lo contó (el año 1987), con emoción desbordada, la monja que estaba a su lado y que le acogió ya envuelto en sangre, con la vestimenta de la misa, llorando de nuevo: ¡Era ya ya un santo, y como a santo le mataron, era Jesús, que pasó con nosotros tres años!

Xabier Pikaza

Para las y los que lo deseen, para descargar el diario de Monseñor Romero, cliquen aquí.

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