COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Primer Domingo de Navidad

Familias atípicas (Sagrada Familia)

En esta fiesta de la Sagrada Familia pudiera parecer que hay que hablar del Sínodo extraordinario sobre la Familia, ya que se ha celebrado recientemente. No lo voy a hacer por varias razones:

1.- Nos falta el documento final que debe elaborar el Papa Francisco.

2.- No voy a negar la importancia de los temas que se trataron en el mismo. Nos tendríamos que preguntar para quién y para qué.

2.1.- En muchos casos, para solucionar la situación irregular que viven en el seno de la Comunidad cristiana a la luz de lo que ha sido la legislación y la praxis de la Iglesia durante muchos siglos. Hay gente que quiere a la Iglesia, quiere pertenecer a ella y sufre. Creo que hay que aplicar el principio misericordia, por parte de los pastores y, ¡¡también!!, por parte del resto de los fieles.

2.2.- En otros casos, se siguen oyendo voces que la legislación y la praxis eclesiástica está obsoleta. No seré yo quien lo niegue. Pero que los cambios que haya que introducir no se elaboren en una empresa de marketing para ver cuántos no se nos van a partir de ahora. Yo creo que el que se quiera ir se tiene que ir. Ahora bien, habrá que hacer todos los cambios precisos para adecuar legislación y praxis a los criterios evangélicos. Ese es el verdadero producto que tenemos que “vender”: el Evangelio.

3.- Me habréis leído en más una ocasión que el verdadero problema que tiene el Evangelio -la Iglesia en los intentos de evangelizar- no es, a mi modo de ver, con la moral personal, sino con la moral social. El Evangelio entra en crisis cuando nos toca el bolsillo para compartir dinero, tiempo o cariño. Sí, ya sé que esas cosas también se comparten en la familia, pero son con rostros elegidos y, se supone, que queridos. La moral social nos pide “casarnos”, comprometernos, con personas en gran medida anónimas. Anónimas para todos, menos para Dios, que nos los ha regalado como hermanas y hermanos.

4.- Andamos un poco tarde, por lo menos si nos fiamos de las estadísticas. No está en crisis, solo, el matrimonio canónico. También lo está el civil. Incluso las parejas de hecho. Lo que está en crisis es el compromiso, vincular mi vida a un proyecto compartido (es la misma crisis que vive la Vida Religiosa, aunque habría que matizar más aspectos).

Este verano me ha tocado hacer de testigo en tres matrimonios. Uno por cada una de las provincias de la Comunidad Autónoma Vasca. Este año, al comienzo de la celebración he introducido dos propuestas que no hacía antes. 1ª) Levantar la mano todas las personas que pensaron que se habían vuelto locos los novios cuando les comunicaron el evento. 2ª) Cuántos lo habían hecho al enterarse que además era por la Iglesia. Se ve que la gente todavía tiene pudor para confesar esas cosas en público. En los tres casos les dije a los contrayentes que tenían unos familiares y amigos por lo menos raritos… si la normalidad es la estadística.

Hay otras dos preguntas que les suelo hacer a los contrayentes durante la homilía. La primera responden, ¿qué es lo que les ha llevado a optar con esa claridad por la otra parte de la pareja, habiendo tanto para elegir? La segunda no suelen responder, pero se hace un silencio para que la piensen: ¿qué es lo que no aguantan del otro y les llevaría a mandarlo a paseo? Me parece que es bueno que tomen conciencia de que ella no se casa con el Príncipe azul que no existe más que en su imaginación, y que él no se casa con la Cenicienta sumisa que siempre está a su disposición. Les advierto que las preguntas no son por morbo, sino porque nos han invitado a una celebración en la que tenemos que saber de qué somos testigos, ya que los ministros del sacramento son ellos.

No es fácil construir la vida común. Modelos hay tantos como parejas. Todos son igualmente normales, todos igualmente atípicos. Todos igualmente con resultados dispares.Pongamos un ejemplo.

Primer Domingo de NavidadEl día de San Viator, 21 de octubre, tenía reunión comunitaria en el Alto Deba y nos tocaba celebrar en una de las iglesias de Mondragón. A la salida me encontré con un antiguo compañero de trabajo de San Viator de Mondragón. Le acompañaba su esposa, me pareció percibir mucho cariño en los gestos y miradas mutuas que tenía aquella pareja. Les pregunté si estaban buscando a la cuadrilla para txikitear, ya que iban a entrar en un bar, y me dijeron que no. Con la cuadrilla en otra ocasión. Ese tiempo para ellos. Os podéis preguntar, ¿y qué tiene eso de raro? Muy sencillo. Hace más de veinte años que llevan casados, ya tienen hijos en edad universitaria. Recuerdo que me llamó la atención en aquella época cómo habían planteado la vida de pareja. Un fin de semana al mes se ausentaba una de las partes de la pareja. Un mes ella. Otro mes él. No había más que una razón: descansar (de marido/mujer, de hijos, de trabajar,…). Tiempo absolutamente libre, ya que ni siquiera se preguntaban cómo iba a organizar cada uno el fin de semana ni a dónde iba a ir. He de reconocer que no les auguraba largo recorrido como pareja. Me equivoqué. Y me alegro. A veces los modos atípicos son los que sostienen el amor.

La de Jesús también fue una familia atípica. A los hechos me remito. El relato evangélico que hemos escuchado no deja en buen lugar a Jesús. Lo menos que habría que llamarle es descarado. Si le seguimos la pista de cómo trató a su madre en varias ocasiones, si es que nos fiamos de los relatos evangélicos, no creo que tendríamos la tentación de adoptarle.

Jesús no encajó bien en un sistema social, religioso e ideológico que dejaba poco espacio a la creatividad. Que se aferraba a la letra y no al espíritu. Como se suele decir, de raza le viene al galgo. Nazaret, los aprendizajes de infancia, fueron muy importantes para Jesús como lo han sido para todos nosotros. ¿Qué modelo fueron José y María para Jesús?

A José lo suelo definir como un soñador comprometido con sus sueños. Soñaba que Dios había elegido a María, su prometida, para ser el Salvador de Israel. Soñaba que Dios le decía que tenía que huir porque un recién nacido, Jesús, era una amenaza para el Imperio. José soñaba, pero se comprometía con sus sueños hasta las últimas consecuencias.

María, por el contrario, tiene los pies en la tierra (pregunta cuando tiene dudas; está atenta a las necesidades de los demás,…), pero su referencia última es el cielo: Dios.

La síntesis, Jesús: empeñarse en instaurar el sueño de Dios en la Historia.

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