COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Trigesimosegundo Domingo del Tiempo Ordinario (Dedicación de la Basílica de Letrán) 

Tolerancia y conciencia de ser Iglesia

Nos puede sorprender que un fiesta litúrgica como la de hoy, la Dedicación de la basílica de San Juan de Letrán, deje en penumbra la celebración del 32 domingo del Tiempo ordinario, que es el que correspondía a este domingo. Ya nos pasó algo similar el domingo pasado, con la Conmemoración de los fieles difuntos, pero aquello nos podía parecer más normal.

Esta fiesta nos da oportunidad de reflexionar sobre varias cuestiones importantes para la Iglesia y nuestro mundo del siglo XXI.

Un primer acercamiento, necesario, es el histórico. Es una de las iglesias más antiguas de la cristiandad, data del año 324. Hoy celebramos el aniversario de la Dedicación de la “madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad [de Roma] y del mundo”. San Juan de Letrán es la catedral de Roma, la sede de su obispo, del Papa. Es símbolo de la unidad de todas las Iglesias locales con Roma.

Para algunas personas San Juan de Letrán significa el principio y el fin. El principio de la Iglesia en su peor versión. El fin de una comunidad cristiana fiel al Evangelio. Como caricatura y como aviso para no bajar la guardia y tener claro quién es primero, el Evangelio, y quién ha de estar a su servicio, la Iglesia.

32º-domingo-del-tiempo-ordinarioSan Juan de Letrán se suele vincular al Edicto de Milán, firmado el año 313 por Constantino, emperador romano. Nunca he entendido a los detractores de este edicto. Es cierto que el cristianismo paso de la noche a mañana de ser perseguido a ser tolerado. ¿Qué de malo hay en ello? ¿Qué tiene de malo un edicto de tolerancia? ¿No es lo que reivindicamos a cada momento? “¡Tolerancia!, ¡tolerancia!, ¡tolerancia!”, solemos decir. Dentro de una semana exactamente, el día 16, celebraremos el “Día internacional para la tolerancia”. No está mal que nuestro mundo  vaya ganando en tolerancia.

¿Qué hay de malo en un edicto de tolerancia? ¿Tal vez en que se tratara de un edicto de tolerancia para los cristianos? Tampoco es así exactamente, ya que el edicto contemplaba que la tolerancia era “para los cristianos y todos los demás”.

El acercamiento histórico, breve y sin matices, que hemos planteado tiene una lectura social en nuestros días. No es un tema menor. Cientos de millones de cristianas y cristianos quisieran poder vivir y celebrar su fe. No pueden. En muchos países no sólo no hay decretos de tolerancia religiosa, sino que los cristianos son perseguidos por el hecho de serlo. Cito el cristianismo por ser en su conjunto, da lo mismo como creencia que como ideología, de una confesión o de otra, el grupo humano más perseguido en el siglo XXI. Esto lo tenemos que tener en cuenta, no sea que en la defensa de los Derechos Humanos, haya grandes colectivos a los que se les niegue por profesar una determinada fe religiosa.

Si venimos a nuestro entorno más cercano, la llamada “civilización occidental”, nos ocurre algo parecido. La tolerancia acaba allí donde empieza la sorna contra lo religioso. Lo vemos con frecuencia: amparándonos en que vivimos en sociedades laicas algunas personas entienden que es lícito arremeter sin compasión contra los sentimientos religiosos de una parte de la población, da lo mismo que sea mayoritaria o minoritaria, porque los derechos no se basan en la estadística. Cuanto más mediocre es el artista más necesidad tiene de darse publicidad a través de la provocación religiosa, normalmente anticatólica. No estaría nada mal en nuestros días un edicto de tolerancia con el cristianismo. ¿Se acordará alguien de los cristianos el 16 de noviembre, aunque no sea más que de las personas que están condenadas a muerte por perseverar en su fe? Si no fuera un tema tan serio, se podría decir aquello de “se abren las apuestas”.

Otro acercamiento que nos permite la celebración de la “Dedicación de la basílica de San Juan de Letrán”, por la importancia de ser “madre y cabeza de todas las iglesias” es el eclesiológico y teológico.

En el evangelio que se nos propone para esta fiesta hemos proclamado que Jesús hablaba del templo de su cuerpo. San Pablo, en la carta a los Corintios, pone mucho énfasis en recordarnos que somos templos de Dios, que en nosotros habita el Espíritu Santo. Todos nosotros, cada uno de los bautizados, construimos el Pueblo de Dios, la Iglesia. No está de más repetirlo, ya que no hay conciencia de ello.

La concepción social, y la conciencia eclesial de los bautizados, es muy pobre con respecto al concepto de “iglesia”: o nos quedamos con el edificio, construcción de piedras mejor o peor puestas, o lo identificamos casi automáticamente con la jerarquía de la Iglesia. Ambas concepciones son tremendamente reductivas, pero es fruto de un modo de haber sido realmente Iglesia.

Tenemos que recuperar no sólo el sentido de pertenencia a la Iglesia de muchos bautizados que se han alejado de ella, sino que tenemos que recuperar y reforzar el sentido de ser Iglesia en muchos agentes de pastoral y personas que habitualmente viven y celebran su fe en las comunidades cristianas. Si hiciéramos una encuesta entre las personas que habitualmente celebra su fe dominicalmente, ¿cuántas tendrían conciencia de ser ellas mismas templos de Dios? ¿cuántas tendrían conciencia de ser ellas piedras vivas en la construcción de la Iglesia, del pueblo de Dios? La cosa se complicaría si comenzáramos con disquisiciones entre Iglesia universal-Iglesia local. El gran consuelo que nos queda es que, probablemente, muchísimas de esas mismas personas viven cimentadas en Jesucristo, que es lo verdaderamente importante.

El próximo domingo, día 16, el mismo en que vamos a celebrar el “Día internacional para la tolerancia”, vamos a celebrar el “Día de la Iglesia Diocesana”. Este año el lema es: “Comparte tu parte: Colabora con tu parroquia”. Pedagógicamente es el ámbito del que debemos partir, el de la propia comunidad parroquial, para suscitar y reavivar el sentido de pertenencia a la Iglesia local y universal, como primer paso hacia la toma de conciencia de ser Iglesia.

Reivindicar la tolerancia religiosa y tomar conciencia del ser Iglesia es un bueno modo de celebrar la fiesta de la “Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán”.

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