COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Vigesimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario

Rechazar a Dios… y a la persona

Esta pregunta se hace Dios en el hermoso poema del profeta Isaías, y resuena en el pasaje evangélico de este domingo 27 del tiempo ordinario.

“¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?” Esta pregunta se hace Dios en el hermoso poema del profeta Isaías, y resuena en el pasaje evangélico de este domingo 27 del tiempo ordinario.

Esta pregunta-queja la entienden muy bien muchos padres y muchas madres que se han preocupado en transmitir una serie de valores a sus hijas e hijos, por ejemplo el de la honradez, y no lo han conseguido. ¿Qué pensaran los padres y las madres de tantos corruptos como se están descubriendo? ¿Lo vivirán como fracaso propio? Probablemente más de uno de esos corruptos habrá oído de la boca de sus progenitores: “pobres, pero honrados”; sin embargo, como los labradores del evangelio, se apropian de lo que no les corresponde.

“¿Qué hemos hecho mal? Les hemos dado lo mejor que hemos tenido, en ocasiones incluso aquello que no teníamos; nos hemos preocupado por su salud y bienestar; hemos tratado de darles una buena educación en casa, y elegimos para ellos el colegio que nos parecía más adecuado; nos hemos sacrificado por ellos, nos hemos entregado por entero a ellos,… y ahora, ¿qué? ¿éste es el fruto?”. Probablemente no, también hay otros frutos, pero quedan en penumbra.

“¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”

Esta pregunta-queja la entienden muy bien muchos padres y muchas madres que han puesto todo su empeño, más con el ejemplo que con la palabra, en transmitir la fe… ¡y nada! Parece que no solo pasan de la Iglesia, sino que, ¡y es lo más preocupante!, también pasan de Dios. Han tratado de llevar una vida en coherencia con el Evangelio, han rezado en familia, han estado comprometidos en la vida social y eclesial, los empobrecidos y la causa por la justicia es algo que ha estado presente… ¡y no quieren saber nada del Dios de Jesucristo! Rechazan la piedra angular.

Otro tanto, aunque no lleve tanta carga afectiva, nos pasa a las personas que nos dedicamos a la educación de niños y jóvenes, cuando comprobamos en algunos casos el fracaso, por lo menos a corto plazo, de nuestro esfuerzo para formar buenos ciudadanos y buenos cristianos. Por lo menos ciudadanos conscientes, nos decimos, pero hasta en eso nos entra la duda y se puede hacer fuerte la decepción. Nos tenemos que conformar con decir, “de todo hay en la viña del Señor”.

Se suele dar una experiencia similar en el campo pastoral, cuando constatamos que el tiempo y el esfuerzo empleado en la pastoral infantil y de pre-adolescencia fueron inútiles. O eso parece, más cuando vemos que algunos comportamientos que empiezan a despuntar ya en la adolescencia están en las antípodas de lo que tendría que ser un comportamiento evangélico. A los agentes de pastoral nos puede embargar la desilusión y entrar toda clase de crisis, como le entró a Dios en el poema que hemos escuchado el profeta Isaías o en relato del evangelio.

Malo es que nos entre complejo de culpabilidad por lo mal que hacemos las cosas, a juzgar por los frutos, y que renunciemos a seguir cuidando de la viña que el Señor nos ha encomendado: sean nuestros hijos, sean nuestros educandos, sean los niños y jóvenes de nuestra acción pastoral. Cuidar de la viña, esa es nuestra tarea. Cuidar de la viña que también somos nosotros, para no sucumbir a la tentación de apropiarnos de lo que no nos pertenece, tampoco en el ámbito de la fe.

El problema mayor no es que nuestro esfuerzo parezca baldío, sino que, como ocurrió en tiempos de Jesús, como ocurrió en tiempos de los profetas, se rechaza la piedra angular sobre la que se puede construir una vida plena y feliz: Jesucristo.

27º domingo del tiempo ordinarioHay muchas maneras de rechazarlo. Una de ellas es hacerlo explícitamente. Pero también los que nos decimos cristianos podemos estar rechazando a Jesucristo -camino, verdad y vida-, si reducimos lo religioso a un momento de práctica semanal que no tiene nada que ver con nuestras opciones personales, individuales o sociales.

En la tradición profética Dios no se suele quejar porque el pueblo o los dirigentes se olviden del culto. Se queja, con amargura en el poema del profeta Isaías, porque esperaba de su viña, de Israel, derecho y justicia, y lo que recoge son asesinatos y lamentos. El mayor rechazo de Dios no es que no le tributemos culto en el templo, aunque muchas veces por ahí se empieza, sino que no se lo tributemos en la vida. El mayor rechazo no es que no sepamos reconocerle crucificado en un madero, aunque la ignorancia religiosa cada vez mayor también nos puede llevar a eso, sino que no sepamos reconocerlo roto y malherido en el rostro del prójimo, en la carne de los empobrecidos, como tantas veces nos lo recuerda el Papa Francisco.

Este es el drama, y la historia nos lo va confirmando en diferentes aspectos, comenzamos rechazando a Dios y terminamos por rechazar a la persona.

Galería | Esta entrada fue publicada en Anjelmaria Ipiña, Comentario a la Palabra dominical y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s