COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario

Compartir tanto bien recibido

Entre los relatos evangélicos de los domingos anteriores y el que se proclama hoy hay dos escenas que conviene mencionar. La primera es la vuelta de Jesús a Nazaret y el rechazo de sus paisanos. La segunda es el pasaje de la decapitación de Juan Bautista por orden de Herodes. Es bueno que tengamos en cuenta estas circunstancias, porque nos pueden dar pistas sobre el estado anímico de Jesús o de cualquier persona que encontrara en esa situación.

Ha sido rechazado en su tierra, entre los suyos, eso siempre mina la moral. Si los de casa no nos hacen caso, ¿cómo lo van a hacer los de fuera? Si los que nos conocen no se fían de nosotros, ponen en entredicho al sujeto o a las obras que realiza. Sea una cosa sea la otra, eso siempre desanima.

Por si esto fuera poco, los lejanos, los desconocidos, el poder político, no se anda con chiquitas: asesina a los profetas. Jesús tiene conciencia de profeta, o por lo menos se había aplicado a sí mismo el refrán popular: “En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa”. A Juan Bautista, tenido por profeta, la honra que le han dado es la que pasa por el martirio, ¿harán eso con todos? ¿Es la suerte que le espera a Jesús?

El rechazo entre los suyos y la muerte de Juan Bautista, que no era una persona más de todas las que fueron aniquiladas por el Imperio romano, sino que le unían vínculos familiares y afectivos, había sido bautizado por él, tuvieron que suponer un aldabonazo en la vida de Jesús. No es de extrañar que Jesús quisiera retirarse a un lugar tranquilo, como lo hacemos, o deberíamos hacer, todos los humanos cuando queremos tomar el pulso a nuestra vida, cuando tenemos que evaluar el camino recorrido, las opciones tomadas, los resultados obtenidos, los fracasos cosechados, las dudas que nos han invadido, la incertidumbre ante los cruces de camino…

Jesús se retira a un lugar tranquilo, como lo hace tantas veces cuando quiere estar a solas con su Padre Dios. Tiene que confirmar que el camino es el adecuado, que no se está equivocando. Jesús no se queda encerrado en sí mismo, en su decepción o en su duda, aunque fuera legítima esta postura que en tantas ocasiones adoptamos. Jesús no se queda encerrado en sí mismo, se abre al Padre, le abre lo más íntimo que anida en su corazón.

Mientras unos le rechazaban, otros le seguían sorteando toda suerte de obstáculos. Mientras unos mataban a los profetas, otros buscaban al profeta Jesús para que les devolviera la salud. A ellos se vuelve Jesús y a ellos se entrega. Buscaba al Padre, y lo encuentra en la soledad y la oración. Buscaba al Padre, y ahora le sale al encuentro en el gentío que le busca. Jesús no se ha quedado encerrado en sí mismo, en su propio dolor, en su propia necesidad. Porque se ha abierto al Padre, porque se ha sumergido en su corazón, mira a las hermanas y hermanos como los mira Dios, como nos mira Dios, y siente compasión. Desde ahí invitará a sus discípulos en que no se queden encerrados en su propia necesidad.

El relato de la multiplicación de los panes y de los peces se suele abordar desde dos perspectivas: una más eucarística, la comensalidad de la escena, la bendición de los panes y los peces y la abundancia de lo sobrante prefiguran lo que es en sí misma la Eucaristía; la otra perspectiva es más política: la invitación a compartir aquello que poseemos para que nadie pase hambre. Ambas son válidas. Ambas son posibles. Ambas hay que conjugar.

La Eucaristía hay que llevarla a la vida desde el reconocimiento del don recibido. La Eucaristía nos reclama el compartir, no quedarnos encerrados en nuestra necesidad y en nuestra inseguridad. En la vida, para que el compromiso no se quede en voluntarismo estéril, tenemos que vivir la espiritualidad eucarística, reconocer que nada realmente nos pertenece, en el fondo todo es don inmerecido que recibimos de Dios o, si se prefiere, todo es don del Padre del que todas sus hijas y todos sus hijos hemos de gozar por igual.

Si tuviéramos una conciencia más lúcida de esto, de que no somos propietarios, de que todos los bienes de este mundo son para compartirlos entre todos los que lo habitamos, estaríamos en mejor disposición para ponernos manos a la obra en la construcción de una sociedad más equitativa. Seríamos capaces de superar la injusta distribución de la riqueza, que sigue generando sobreabundancia, siempre injusta aunque sea legal, en unos pocos y miseria en capas cada vez más extensas de la sociedad, sea en los que hemos llamados países empobrecidos sea en lo que habíamos llamado países desarrollados o del estado del bienestar. No habría inmigrante del que pudiéramos sospechar que nos viene a robar nuestro puesto de trabajo, porque el empleo sería puesto en común y redistribuido proporcionalmente. No habría recursos energéticos, fósiles o renovables, por los que luchar y matar. No degradaríamos de forma salvaje la naturaleza porque no tendríamos necesidad de acumular, sino que cultivaríamos aquello que fuéramos a consumir, con la tranquilidad de que nunca nos iba a faltar, porque la máxima es el compartir. No habría patrias ni
territorios ni banderas que defender, porque todo es de todos.

Si tuviéramos conciencia de que en el fondo todo es don inmerecido o de que todo es don del que todas y todos podríamos gozar, se vive la vida desde la gratitud: agradecimiento por tanto don recibido.

“Dadles vosotros de comer”, dadles del don recibido, les pide Jesús a sus discípulos. Lo que tienen no les pertenece. Tienen que compartirlo. Lo han recibido de Dios y en su nombre lo han de compartir: “alzó la mirada al cielo y pronunció la bendición”. Acontece el milagro: la persona colaborando con Dios en su proyecto de fraternidad, hay para todos y sobra. La enseñanza es clara, sólo una cosa tenemos que hacer: compartir tanto bien recibido.

Galería | Esta entrada fue publicada en Anjelmaria Ipiña, Comentario a la Palabra dominical y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s