COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Ascensión del Señor

Extasiados, enviados y acompañados

Los que somos veteranos en el camino de la vida recordamos uno de los dichos de
nuestra infancia: “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves santo,
Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Que esos días reluzca el sol es más probable en
el Hemisferio norte, aunque no es seguro. Tampoco es seguro que esas fiestas se
celebren en jueves, a excepción del jueves santo, que siempre será jueves, aunque no
necesariamente festivo. Los tiempos y las sensibilidades van cambiando. ¿Hay algo que
permanece? La presencia del Señor en la Iglesia y en medio de la Humanidad: “Sabed
que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Experiencia de ser
acompañados.

Hoy celebramos la Ascensión del Señor. Momento de máxima tensión en el que los
seguidores de Jesús no sabrán si tienen que seguir mirando al cielo, extasiados por un
modo de relación que han tenido con Jesús y que parece que ha terminado, o ponerse en
camino para cumplir su mandato de “id y haced discípulos de todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre…”. Experiencia de éxtasis y de envío.

La tentación de la persona religiosa es quedarse mirando al cielo. En casi todas las
religiones se sitúa la morada de la divinidad en lo alto, en el cielo; es la forma que
tenemos de situar y significar la transcendencia. Es una manera de marcar distancia. Es
una manera de subrayar la grandeza de Dios y la pequeñez de la persona.

El Dios que se nos revela en Jesús es distinto: no es distante. Es un Dios que se nos
revela cercano: presencia que nos acompaña permanentemente. Eso no le quita grandeza
a Dios: reconocemos nuestra propia medida y nuestra propia altura; reconocemos que la
vida nos viene dada y regalada, que nos recibimos de Él: somos creaturas, obra de sus
manos. Ésa es nuestra grandeza.

El Dios que se nos revela en Jesús es distinto, por eso corrige la mirada religiosa:
“Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”. El lugar propio del cristiano es
la tierra, es la historia, es el compromiso por acoger el Reino de Dios y hacer que éste
alcance a toda la humanidad. Somos creaturas y, sin embargo, se nos confía la tarea
anunciar el Reino de Dios. Ésa es nuestra grandeza.

No es una tarea cualquiera. No es una tarea fácil. El evangelio no nos oculta que también
entre los primeros discípulos había algunos que vacilaban. También nosotros
necesitamos que ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos la
esperanza a la que nos llama, tal y como imploraba Pablo para la comunidad de Éfeso.

No es una terea cualquiera ni la podemos llevar a cabo de cualquier manera. Lo tenemos
que hacer a la manera de Jesús. También en estos tiempos de la “era digital” que nos han
tocado vivir. También en el nuevo “Continente digital” que tenemos que evangelizar.
El día de la Ascensión solemos celebrar la Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales. Este año el mensaje del Papa lleva por título: “Comunicación al servicio de
una auténtica cultura del encuentro”.

El Papa Francisco citando el episodio de Emaús, nos dice que “es necesario saber entrar
en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus
dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho
hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío
requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa
estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista,
sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a
la pretensión de que sean únicas y absolutas”.

Ascensión del SeñorTambién nos señala el modo de ser evangelizadores en el mundo cibernético: “No basta
pasar por las «calles» digitales, es decir, simplemente estar conectados: es necesario
que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos,
encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura.
Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la
comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la
preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La
red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de
personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo
quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de
referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un
comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede
alcanzar las periferias existenciales”.

No estamos solos en esta tarea. Enmanuel (Dios-con-nosotros), al que contemplamos
extasiados en su vida histórica, no nos deja solos (estaré-con-vosotros): nos envía y nos
acompaña. Tres modos de una única experiencia: extasiados, enviados y acompañados.

Galería | Esta entrada fue publicada en Anjelmaria Ipiña, Comentario a la Palabra dominical y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s