COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Vivir resucitados… es nuestro compromiso

(Esta meditación hay que entenderla como síntesis de la celebración de una Pascual juvenil que ha reunido a un centenar de jóvenes de los grupos pastorales de la provincia Mediterránea de los Hermanos Maristas. El lema ha sido: “Si el grano de trigo… cae en tierra y muere… dará fruto”. Cada parte del lema ha guiado la oración-reflexión de los grupos desde la mañana del Jueves santo hasta la celebración de la Vigilia de Pascua).
Jesús es la semilla, el grano de trigo, que Dios ha querido plantar en nuestra historia por medio de la encarnación. Jesús se ha hecho uno de nuestra historia para que aprendamos cómo es ser humano a los ojos de Dios. Jesús se va haciendo humano, va construyendo su vida con una referencia bien clara: Dios. Nosotros también nos tenemos que hacer humanos, tenemos que construir nuestra vida. Tenemos que elegir si con Dios o sin él. Somos conscientes de que no nos vale cualquier vida, aunque todos los caminos humanos sean legítimos. Somos conscientes de que nos vale cualquier Dios, aunque todas las creencias e ideologías sean respetables. Nosotros creemos en el Dios que se nos revela en Jesús y queremos construir la vida a su estilo.
Por ejemplo, estos días están compartiendo con nosotros, todos los años coincidimos con ellos, un grupo numeroso de personas que quieren construir su vida desde el yoga y desde la sabiduría hindú. Está muy bien. Tenemos cosas que aprender, o recordar, de las religiones orientales.
Para nosotros más importante que la extinción del deseo es que nuestro deseo se vaya identificando con el deseo de Jesús, con el deseo de Dios sobre la Humanidad. Toda la historia de la salvación, como se nos narra en las lecturas que se proclaman en la Vigilia pascual es un continuo corregir el deseo humano para que se vaya acomodando al deseo de Dios.
Para nosotros más importante que desprendernos del ego, es vivir en relación con un “Tú”, el tú de Dios y el tú de los hermanos, que nos descentre de nuestro egocentrismo. Jesús ha marcado el camino: vivió descentrado de sí mismo y centrado en la voluntad de Dios (recordemos el relato de las tentaciones en el desierto y otros pasajes del evangelio).
Jesús descubre que la voluntad de Dios es que viva para los demás, que con sus palabras y sus gestos suscite vida, sobre todo en aquellas personas que por diferentes circunstancias la tienen más amenazada. Por eso, Jesús saldrá al encuentro de los empobrecidos, de los marginados, de los enfermos, de los pecadores,… de todos aquellos que se iban quedando fuera del sistema social y religioso.
Jesús fue construyendo su vida, se fue haciendo grano humano y fraterno. ¿Cómo quieres construir tu vida?
En el pan y el vino de la última cena se concentra toda la vida de Jesús. Jesús cogió la vida en sus manos, más que la biológica la que le había ido creciendo por dentro, y se la entregó al Padre y nos la entregó a todos nosotros. Con este gesto Jesús nos dice que es el grano de trigo que está dispuesto a hacerse pan, alimento para todos los que están hambrientos de Dios y de su causa: el Reino. El otro gesto que nos narra el evangelio de Juan, y que la liturgia de la Iglesia lo ha conservado hasta plásticamente es el lavatorio: la vida de Jesús hecha servicio. Invitación para que también nosotros entremos en la dinámica de la vida entregada, día a día, poco a poco, o de golpe, a los demás.
Pascua de ResurrecciónEl Viernes Santo nos lleva a los Viacrucis particulares que cada uno recorremos y, también, a tomar conciencia de cómo podemos ser viacrucis para los demás. Las reconocemos. Descansamos nuestras cruces en la Cruz de Jesús. Él es el grano de trigo que está dispuesto a caer en tierra. Toda su vida había sido un continuo ponerse al servicio de la vida. A última hora no se echó para atrás.
Se fió de Dios. Se fió también de los humanos: ¿a quién se le va a ocurrir destruir una vida hecha bondad, entrega, servicio, compromiso por los demás?
Lo que contemplamos nos deja estupefactos y sin palabras. Sabemos de qué es capaz la condición humana: de lo mejor y de lo peor. Jesús apostó por lo humano, por todo lo humano, y se quedó solo. ¿Debilidad? ¿Cobardía? ¿Malicia? Sea lo que fuere, solo. Abandonado.
Jesús apostó por Dios. Se creyó y practicó lo que predicó: “si el grano de trigo,…”. Y cayó en tierra, ¡qué fue si no su vida!. Y murió. Y Dios, ¿qué hace por Jesús?. Aparentemente nada. Solo dejarle ser grano de trigo que cae y muere. Acusamos a Dios de lo que no hace por los demás: le preguntamos dónde está y por qué permite los campos de exterminio que de diferentes formas ha habido a lo largo de la historia. Y los humanos, ¿dónde estamos los humanos? ¿Dónde queda nuestra humanidad? Mons. Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger, escribía acertadamente estas palabras: “El Viernes Santo podría ser un buen día para declararlo Jornada Mundial de la Legalidad Injusta” (publicado en facebook). Le preguntamos a Dios, pero nos podemos preguntar cada uno de nosotros: y yo, ¿qué puedo hacer por Jesús? ¿qué puedo hacer frente a la injusticia, frente a la violencia, frente a la muerte del inocente?
Dios guarda silencio. El susto le hizo enmudecer. La tristeza encogió su corazón. Parecía que la apuesta definitiva que había hecho por la Humanidad estaba a punto de fracasar: asesinaron a Jesús, al que había llevado a plenitud su sueño para toda la humanidad. El grano de trigo había caído en tierra y había muerto. Dios guarda silencio, por tres días, y cuando recupera la voz sólo puede pronunciar una palabra: ¡¡VIVE!!. El grano de trigo que cae en tierra y muere… ¡¡da fruto!!. ¿Cuál es el fruto? La Resurrección, la vida plena concedida por el Padre. ¿Cuál es el fruto de la Pascua? La Resurrección. Estamos invitados a vivir como resucitados… como Jesús. Vivir como Jesús… es hacernos humanos y fraternos. Vivir como resucitados… es nuestro compromiso.

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