COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Primer Domingo de Adviento

Hay luz… pero hay que estar en vela

Año nuevo, vida nueva. Es lo que solemos decir cada 1 de enero, primer día del año. Es algo que podemos decir hoy, un mes antes, al celebrar el primer domingo de adviento.
Comenzamos un año litúrgico nuevo, tenemos una nueva oportunidad de conocer mejor a Jesús. Esta vez de la mano del evangelista san Mateo. Conocerle más para amarle más y poder seguirle mejor. Conocerle más, para poder cumplir mejor la misión: acoger en nosotros el Reino y compartirlo con los demás.
Este es el espíritu con que queremos vivir este adviento en nuestro arciprestazgo. Queremos estar atentos a nuestra realidad social más cercana para tratar de iluminarla, no desde las luces artificiales que empiezan a adornar las calles de nuestra ciudad, anunciándonos que llega una época de consumo desmedido, sino desde la luz que brota del evangelio y que nos invita al compromiso y a la solidaridad. Por eso, y a pesar de todas las dificultades que parecen acecharnos en tantos ámbitos de nuestras vidas personales y sociales, el lema elegido para este adviento ha sido: ¡Hay luz!
La parroquia de San Mateo encargada este domingo de compartir su reflexión para todo el arciprestazgo, nos señala algunas de las características del tiempo que nos toca vivir.
“Vivimos tiempos de zozobra, de desmoralización social, de crisis económica… Todo el mundo habla de ello y muchos lo están sufriendo en sus propias carnes: paro, hipotecas, desahucios… En fin, tiempos difíciles, que a todos nos tienen sumidos en la desesperanza, la angustia y el pesimismo.
El profeta Isaías vivió una profunda crisis en su vida porque el pueblo de Israel vivía desterrado y él sufría con su pueblo. Los tiempos que le tocó vivir fueron muy difíciles, como los de hoy. Pero no se desanimó sino que supo vivir con esperanza y transmitirla a su pueblo: “El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz. Los que habitan en tinieblas de muerte han visto brillar la luz…”
Constataba que la injusticia social afligía a los más pobres y débiles como también hoy sucede, y eso le movió a denunciar el lujo, la codicia, la injusticia y la opresión de los poderosos.
También anuncia tiempos plenos de salvación, de felicidad y de justicia,… Un mundo totalmente recreado, una nueva mentalidad. Es el mundo con el que todos soñamos. Todas estas profecías tan bellas y consoladoras, se han cumplido con Jesucristo.
San Pablo mismo les dice a los cristianos de Roma que estén atentos: “Hermanos: Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño,… La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz”.
Buenas actitudes para afrontar nuestras crisis y las crisis que nos vengan en el futuro. Hay que cambiar de vida, pero sobre todo hay que vivir con esperanza. Nunca debemos perder la ESPERANZA, el ÁNIMO, el ESFUERZO, la SOLIDARIDAD.
Con el profeta Isaías, en este tiempo de Adviento, los cristianos y cristianas apostamos por creer que el cambio y la transformación son posibles. Porque ya llegó Jesucristo, nuestra luz, que las ha cambiado en vida y salvación.
Los sueños de Isaías y de Jesús pueden ser realidad y no oscuridades, como las que estamos viviendo. Pidámosle fuerzas a Dios:

Padre Bueno, Dios de la Vida,
enséñame a descubrirte en la vida de todos los días.
Tú nos ofreces tu presencia amiga
en la historia que vivimos.
Sales a nuestro encuentro
en amaneceres y atardeceres.
Nos miras en los ojos de nuestros hermanos.
Te revelas cercano, en el que sufre y está sólo.
Dios de la pura sorpresa, que nos dejas inquietos
y nos enseñas a estar atentos.
Enséñanos otra vez, y otra, y una más.
Nos cuesta tanto aceptar tus palabras…
y dejarnos en tus manos.
Dios de todos los días,
que nos visitas en acontecimientos y noticias,
que abres tu boca en la necesidad de tantos,
que abres tus manos en las búsquedas de muchos,
que caminas a nuestro paso,
que te sientas a nuestro lado,
en la familia, el trabajo, en la escuela.
Dios cercano y compañero,
Dios sencillo, Dios hermano.

Dios está a nuestro lado y de nuestro lado, es el mensaje del adviento. En navidad celebraremos que “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte les brilló una luz”. En medio de tanta oscuridad, tendremos que proclamar: ¡hay luz!… perohay que estar en vela.
Primer Domingo de Adviento

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