COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Vigesimocuarto Domingo del tiempo ordinario

Dios nos busca siempre

Cuando llega el 24 domingo del Tiempo Ordinario, del ciclo C, que es el que estamos celebrando, la liturgia propone que, por razones pastorales, omitamos la llamada “parábola del hijo pródigo o del padre misericordioso”. Al no hacerlo, ahora lo más adecuado sería hacer silencio. Estoy convencido que toda palabra humana da al traste con lo que nos quiere transmitir la Palabra de Dios a través de estos tres relatos concatenados. Lo más adecuado: acoger la Palabra de Dios con atención y rumiarla en nuestro interior.
La liturgia es consciente de que la parábola del “padre misericordioso” se nos propone en cuaresma: momento propicio para hacer una lectura “religiosa”, en “dinámica de conversión” en nuestra caminar hacia la Pascua.
Sin embargo, además de la dimensión religiosa, el evangelio tiene implicaciones políticas. Nosotros no podemos renunciar a ser ciudadanos y cristianos, cristianos y ciudadanos, ambas cosas a la vez. Esta parábola, llena de ternura, siempre me parece fuerte cuando hay que aplicarla a la relación interpersonal, familiar,… pero, sobre todo, cuando la tenemos que aplicar al ámbito social y político.
Me suelo preguntar: ¿siempre, en toda circunstancia, sin excepción, tengo que aplicar los criterios evangélicos? Hablo de aplicármelos a mí mismo, no de exigírselos a los demás. Por concretarlo en nuestro entorno más cercano, en el País Vasco, yo, como cristiano, ¿estoy invitado a salir al encuentro de aquellos que han abandonado la casa de la convivencia pacífica, que han dilapidado toda la herencia ética manchándose las manos de sangre, y cuando parece que, más por necesidad que por convencimiento, como le pasó al hijo pródigo de la parábola, van a entregar las armas y van a empezar el camino de regreso a casa, a la convivencia democrática, tengo que salir a su encuentro y, antes de que confiesen su crimen, pidan perdón a las víctimas y reparen en parte el daño hecho, tengo que salir a su encuentro? ¿Esto es a lo que me invita el Evangelio? ¿Esa es la actitud que debe mantener la Iglesia, las comunidades cristianas? La pregunta es de envergadura. La respuesta muy compleja, sobre todo para aquellas personas que de forma más directa han sufrido la violencia de ETA. Se pueden preguntar: ¿dónde queda la justicia?
Me podría haber ahorrado compartir esto con vosotros, porque entiendo que algunas personas os podéis sentir incómodas. Pero, si la prensa no nos manipula, que podría ser, parece cercano ese momento tan deseado de la entrega de armas, ¿qué papel vamos a jugar como cristianos y como ciudadanos en este nuevo escenario histórico? Aunque no tengamos clara la respuesta, no podemos rehuir la pregunta.
Las lecturas de hoy, en su conjunto, nos transmiten una idea central: la misericordia del Dios que nos busca siempre.
La primera lectura, a pesar de su brevedad, nos dice mucho de cómo es Dios, pero nos dice mucho más de cómo somos los humanos: tendemos a fabricarnos ídolos, que normalmente nos conducen a la opresión y la muerte, y sustituirlos por el Dios de la Libertad y el Dios de la Vida.
Así somos los humanos, nos construimos ídolos a nuestra medida, hechura de nuestras de nuestras manos. Hoy el novillo de metal, el becerro de oro, se nos puede nombrar como dinero y poder. Conocemos sus templos: los bancos y los mercados. Y sus consecuencias: desigualdades, injusticia, empobrecimiento, individualismo,… deshumanización.
No le dejamos a Dios ser Dios. Preferimos construirnos ídolos a la medida de nuestra imaginación. ¿De dónde hemos sacado esa imagen de Dios, que todavía tanto pesa en nuestra vida, de un dios omnipresente y omnisciente, que está siempre atento a ver cuándo pecamos, en qué fallamos, en qué somos humanos, muy humanos? ¿De dónde nos hemos sacado ese dios inmisericorde, ese dios que necesita de nuestro sacrificio y de nuestro penar para estar contento, un dios que tiene el corazón de piedra? Ese dios no es el Dios bíblico, no es el Dios que se nos revela en el Antiguo Testamento, en donde vemos como Dios se apiada de su Pueblo. Israel va a confesar de YHWH que es lento a la ira y rico en piedad y misericordia.
24º domingo del tiempo ordinarioEl Dios de nuestra imaginación, el Dios justiciero y vengativo, juez implacable, con el que hay que estar siempre en orden, no es el Dios que se nos reveló en Jesucristo, del cual san Pablo dirá: “Dios tuvo compasión de mí… el Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús… que vino al mundo para salvar a los pecadores… mostró su paciencia conmigo…”
El Dios que se nos revela en Jesús, no solo no rechaza a los pecadores, a los que se han alejado, a los que se han perdido, a aquellos que han quedado excluidos del ámbito social o religioso. El Dios que se nos revela en Jesucristo es el Dios que sale a las periferias de la existencia, a esos lugares y a esas personas a las que nos invita a ir el Papa Francisco.
Un pastor, despreciable por su oficio, al igual que los recaudadores de impuestos o los cambistas. Una mujer, invisible social y religiosamente. Un padre con entrañas maternas. Estas son las imágenes que utiliza Jesús para decirnos cómo es Dios y qué es lo que ocurre en su corazón cada vez que una persona se convierte, recobra su dignidad y reorienta su vida: abandonando los ídolos de muerte y opresión, se vuelve al Dios de la Libertad y de la Vida, al Dios que nos busca siempre.

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