COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Decimotercer Domingo del tiempo ordinario

Contradicciones del seguimiento

El pasaje evangélico de hoy tiene dos partes. Sin embargo, tanto la primera, en la que se nos narra el conflicto con los samaritanos, como la segunda, los diferentes modelos de llamadas-respuestas, tienen como denominador común el seguimiento y las contradicciones a las que está sometido el mismo.
La primera parte, la del conflicto con los samaritanos, también ilumina el seguimiento a Jesús. El mensaje es claro: seguir a Jesús es asumir que podemos ser rechazados, aunque sea sin agresividad, con la mera indiferencia, que es la postura más habitual entre nosotros.
Vivimos en una sociedad en la que la pluralidad de opciones es lo más normal: en el aspecto ideológico, en el modo de vida, en las alternativas de crecimiento personal, en el modo de configurarse la vida de pareja, en las propuestas de transformación social,… también en las ofertas religiosas. En este ambiente, nos puede parecer que el mensaje de Jesús no es acogido, por lo menos algunos aspectos del mismo, tal y como son propuestos por la Iglesia.
Tenemos que asumir que la propuesta evangélica no sea acogida en nuestra sociedad, incluso que sea rechazada. En estos casos, también se puede hacer fuerte en nosotros la tentación de los discípulos: “Señor, quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”. Que lo podríamos traducir como, “¿quieres que les impongamos la acogida?”, “¿quieres que les hagamos tus seguidores a la fuerza?”, “¿quieres que les obliguemos a que te tengan presente en sus leyes y constituciones?”. Hacer este planteamiento es otro modo de rechazar a Jesús, de no acoger su estilo.
La Iglesia ha recibido una misión: seguir proponiendo el mensaje de Jesús. No puede renunciar a él sin traicionarse a sí misma. Sin embargo, la historia del cristianismo nos enseña que la imposición no es el camino. La Iglesia ni puede ni debe imponer el mensaje de Jesús. La Iglesia debe proponer el mensaje de Jesús con palabras y signos. Debe hacerlo al estilo de Jesús: guiada por el principio de la misericordia.
Por eso, Jesús les corrige en su modo de pensar y en su modo de actuar. Esto es importante. Somos conscientes de que lo que la gente suele rechazar en muchas ocasiones no es el Evangelio, sino el modo erróneo que tenemos los cristianos de actuar en nombre de Jesucristo.
No se trata solo de transmitir un mensaje, sino también de vivirlo. Ahí es donde, en ocasiones, empiezan las primeras contradicciones del seguimiento: cuando rechazamos en lugar de acoger, cuando imponemos en lugar de proponer, cuando oprimimos en lugar de liberar. Esta es otra manera de rechazar a Jesús, precisamente aquellos mismos que nos decimos sus seguidores.
Por otro lado, no estaría de más que nos preguntáramos cómo y cuáles ser nuestros modos de comunicación. Si vendemos bien el producto. No tanto por engañar, cuanto por hacerlo atractivo. Que el rechazo no sea por nuestra incompetencia comunicativa.
No sabemos qué presentación hicieron de Jesús en la aldea en que fueron rechazados. Tal vez, apegados como estaban a la imagen de un Mesías poderoso, libertador de Israel,… le presentaron como el Mesías, que iba de camino a Jerusalén, para entrar de forma triunfante en el Templo (dicho precisamente a aquellos que rechazaban que el Templo fuera el lugar adecuado para dar culto a YHWH). No es de extrañar que con este discurso, no les quisieran recibir. De entrada sonaba provocador y producía rechazo.
Si en lugar de eso, hubieran dicho que Jesús iba hacia Jerusalén a denunciar el modo erróneo que tenían de concebir la religión, de comprender a Dios, de absolutizar el Templo y de celebrar el culto, tal vez, además de acogerle, les hubieran acompañado.
A continuación se nos presentan otros modelos de seguimiento.
decimotercercer domingo del tiempo ordinarioEl primero, desde el voluntarismo: querer apropiarse del don de Dios. Seguir a Jesús no es primariamente fruto del deseo ni movimiento de la voluntad. Seguir a Jesús es responder a una llamada, a una propuesta previa. No es ir a tontas y a locas ni caminar a ciegas. Por eso, al voluntarista Jesús le tiene que recordar cuáles son las circunstancias que le toca vivir, a él, a Jesús, y que, por lo tanto, les puede tocar vivir a sus seguidores. Quien quiere seguir a Jesús tiene que estar dispuesto a todo, a prescindir de toda seguridad. Nos podemos sentir identificados con el voluntarista, sobre todo en la juventud, cuando estamos dispuestos a poner en juego nuestros mejores ideales. Poco a poco van emergiendo las contradicciones del seguimiento. Empezamos a pasar factura por todo aquello a lo que renunciamos por querer seguir a Jesús. Pesa más lo que creemos que hemos dado, que el don que hemos recibido.
Los otros dos modelos, el de los llamados que se excusan, nos pueden encoger el corazón, porque en el fondo nos podemos sentir reflejados en ellos. Nos cuesta el sí incondicional. Siempre tendemos a reservarnos algo, que además nos parece legítimo, como puede ser el enterrar al padre o despedirse de la familia. No es mucho lo que le piden a Jesús. Solo que les dé un poco de tiempo, que puedan diferir el seguimiento. Jesús conoce el corazón humano, siempre va a haber algo que nos excuse de seguirle, que legitime el diferir el seguimiento, que no nos entreguemos incondicionalmente a él y a su causa: el Reino.
En la historia del cristianismo hemos cometido un grave error, pensar que relatos como el que se nos presenta hoy es solo para aquellas personas de especial consagración: curas y monjas, como se suele decir popularmente. Nada más lejos de la verdad. La llamada al seguimiento es para todo bautizado y, si se apura, para toda persona.
Es más, no es difícil advertir hoy en día que algunas instituciones eclesiales, en las que sus miembros han hecho una opción explícita de seguir a Jesús, se encuentran con semiparalizadas, sin saber si responder al llamado que les hace hoy Jesús o seguir enterrando a los muertos, aquellas presencias que tal vez no tengan sentido, pero a las que siguen aferradas. O siguen pidiendo una moratoria, para poder hacer una abandono ordenado de esas presencias. Estas pueden ser otras contradicciones del seguimiento.

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