COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Segunda semana del Tiempo Ordinario

Recuperar la alegría con Jesús

El domingo pasado celebramos el bautismo del Señor. Clausurábamos el ciclo de Navidad e iniciábamos el llamado tiempo ordinario, en el que domingo a domingo escucharemos las palabras y hechos de Jesús según nos lo hemos recibido a través del evangelio de san Lucas.
Pero hoy, al comienzo de la vida pública de Jesús, se nos presenta un pasaje del evangelio de Juan, el relato de las bodas de Caná. Es como si se nos indicara cuál ha de ser la clave de lectura y de interpretación de la misión de Jesús: convertir el agua en vino, llenar de alegría la vida de las personas.
El pasaje que acabamos de escuchar tiene muchos elementos simbólicos, en los que están de acuerdo los escrituristas, y que podemos trasladar a nuestra vida ordinaria.
Lo más sobresaliente en el relato son las seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una. Nos podemos imaginar aquellas moles pétreas. Pesadas, aunque solo estuvieran llenas de su vacío.
Es común decir que las seis tinajas representaban la degeneración de la religión judía tal y como era vivida en tiempos de Jesús. Una religión llena de normas y prohibiciones que hacían la vida pesada. Una religión que se había ido cargando de ritos que dejaban vacías a las personas que los practicaban.
Es una experiencia que no nos resulta extraña. En más de una ocasión hemos oído decir a algunas personas que abandonaron las prácticas religiosas porque no les decían nada, porque para ellas eran ritos vacíos. Las prácticas religiosas no les decían nada, y las normas y preceptos religiosos les parecían absurdos, además de ser un modo de cargar con losas pesadas la existencia y la conciencia de la gente.
Dejaron la práctica religiosa, sin embargo, siguen añorando algo/alguien que llene su vacío interior; algo/alguien que les ayude a no seguir arrastrando la vida; algo/alguien que les dé alegría interior. Dejaron la práctica religiosa, pero siguen anhelando algo/alguien que satisfaga su corazón creyente.
Esto que los aplicamos a la vivencia de la fe, lo podemos aplicar también a otros ámbitos de la existencia. Nos podemos preguntar qué llevamos en la vida que nos resulta pesado y, sin embargo, no sirve para nada, más que para eso, para hacernos la vida más pesada. Qué es todo eso que nos deja vacíos por dentro. Es importante estar atentos, como María, para que no nos falte el vino, la alegría, en medio de la fiesta de la vida.
2toCuando esto ocurre, que nos falta el vino, la alegría, en medio de la fiesta de la vida, es importante saber a quién acudir, como María. Ella lo tuvo claro: a Jesús. Y nosotros, ¿a qué/quién acudimos? Hoy es bastante normal acudir a los terapeutas en todas sus formas, desde los psicólogos más clásicos a los que emplean técnicas más modernas y sofisticadas, con nombre en inglés, aunque nos remitan a sabidurías antiguas. Los más impacientes optan por la vía rápida de los tratamientos farmacológicos, legales o no tanto. Los más inconscientes no acuden a nadie, siguen arrastrando la vida, a la espera de que ésta no sea muy larga.
También hoy María nos sigue repitiendo a cada uno de nosotros: “¡haced lo que él os diga!”. Haced lo que él os diga, para que las tinajas vacías, los vacíos existenciales que os pueden amenazar en tantos momentos en la fiesta de la vida, rebosen vino, rebosen alegría.
El evangelio de hoy nos invita a recuperar la alegría con Jesús.

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