CUIDADO PERSONAL

Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.

Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.

Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de quienes amas.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
que los ojos de Dios te miren,
que los oídos de Dios te oigan,
que la Palabra de Dios te hable,
que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
Otro te tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano.

Los días van despacio, pero pasan rápido. Ya llevo aquí exactamente 55 días. Parece que fueran menos, aunque algunos hayan pesado como un mes.
Recuerdo el día que viajamos a Yungay. Nos cruzamos un Renso (autobús que hace la línea Yungay-Huacho) y le comentó un conductor al otro: “Está que truena”. Bajamos el cerro y las nubes se tornaron negras. Y ahí fue… rompió una luz en el cielo y se partió en dos, y comenzó a llover.
Ese olor… Ese olor me devolvió a mi casa, ese olor tan familiar a tierra mojada. Cerré los ojos y lo sentí, mi hogar. Y pensé, está mi hogar a 9.700 km, ¿por qué me siento como en casa? Es que tu casa y mi casa cuando llueve huele igual. Por eso, nos une la lluvia, nos une la tierra, nos unen los rayos y los truenos, nos unen muchas cosas…, y nos distinguen tantas otras… Pensé que lo que nos distingue no es real, no es como el agua, el aire o el cielo, lo que nos distingue lo hemos creado nosotros. Lo hemos creado para encontrar la diferencia y decidir qué es mejor y peor, pero no es más que impuesto, ficticio, subjetivo…. No es la lluvia, es el poder. Es ser blanco o no serlo, es ser europeo o no serlo, ser o no ser, y si no lo eres… ¡Ay si no lo eres! Te moja igual la lluvia, pero no te secas igual. Y eso lo veo cada día en la vida de los huachanos.
Ayer fue un señor a la Posta, 61 años. Nos cuenta que le pica el cuerpo cuando duerme y que le duele la pierna. Descubre unas piernas moradas en el tercio inferior, inflamadas, está haciendo una celulitis… Vasculopatía en MMII con fatal pronóstico si no se trata. “Tiene que ir a Chimbote a que le vea el cardiólogo”, dice la doctora. “No hay plata”, contesta, “deme ampolla para el dolor”. A ese hombre de 61 años le moja igual que a mí la lluvia, le da el sol igual que a mí, su piel se pone de gallina cuando tiene frío, igual que a mí. Pero él no tiene plata para ir al cardiólogo y acabarán amputándole las piernas. Yo tengo “derecho” a que me vea el cardiólogo, y exijo que sea en menos de un mes.
Nos une la lluvia, y nos separa el poder.
Por ello, y me alegro cada día que me despierto, te odio ‘poder’.

Es un sitio tan bonito para escribir poesía… Pensar en los cerros y en los campos, en los chanchos, en sus comunidades…, sentirse diminuto en un inmenso espacio reducido, donde todo queda lejos, pero lejos no importa.
Hoy, día 1 de septiembre, las y los viatores celebramos un día de recuerdo a nuestro Fundador. Desde estas páginas les deseamos a todos ustedes ZORIONAK!, FELICIDADES!, FÉLICITATIONS!, CONGRATULATIONS!, y les pedimos que se unan a nosotras y nosotros en este día tan especial.
