Bautismo del Señor
Hemos recibido el Espíritu de Jesús
(Esta homilía hay que entenderla en el contexto de de la presencia de unos jóvenes que no suelen frecuentar la celebración de la eucaristía, pero que han solicitado comenzar un proceso de preparación para la confirmación).
Queridas jóvenes y queridos jóvenes:
El evangelio comenzaba diciendo que el pueblo estaba en expectación. El pueblo estaba expectante porque se sentía oprimido y abandonado.
También en tiempos de Juan el Bautista y de Jesús unos pocos acumulaban una gran
riqueza, mientras que la mayoría del pueblo acumulaba una gran pobreza. Estaban sometidos a la colonización del imperio romano, a sus impuestos y a sus arbitrariedades. Los sacerdotes del templo de Jerusalén estaban bajo sospecha: parecía que les movía más intereses personales, políticos y económicos que el servicio a YHWH.
Por eso el pueblo estaba en expectación. No necesitaban la salvación en abstracto, sino un salvador en concreto. No querían más promesas. Querían alguien que las realizara.
Aparece Juan el Bautista. Es el indignado de tiempos de Jesús. Aparece diciendo que así no se podía seguir, que aquella situación había que cambiarla radicalmente, que había que convertirse, que había que abandonar el pecado, porque para Juan, como para muchos judíos piadosos, aquella situación era fruto del pecado… también de ese que no lo comete nadie, pero que lo alimentamos entre todos, que es el pecado social. Por eso gritaba que había que hacer un mundo nuevo, que “otro mundo era posible”.
No es de extrañar que la gente fuera a donde él, para preguntarle si él era el mesías, el salvador, el que les iba a liberar del Mal, el que les iba a reconciliar de nuevo con YHWH.
Juan era una persona honesta, no quiere apoderarse de un protagonismo que no le corresponde, porque si no actuaría como un político corrupto más o como un dirigente religioso más, preocupado en mantenerse a sí mismo y no en sostener la fe del pueblo.
Juan era muy diferente de Jesús.
A Juan le gusta el desierto. A Jesús andar por los caminos de Palestina.
Juan era un asceta. A Jesús le llamaron comilón y borracho.
Juan vocifera. Jesús prefiere la discreción, en ocasiones parece hasta tímido. Sigue la consigna de Isaías: “no gritará, no clamará, no vociferará por las calles”.
Juan predica un Dios que se va a imponer sí o sí. Cuando sea, pero al final Dios se impondrá.
Para Jesús Dios se ofrece. Eso es lo que quiere decir que el cielo se abre cuando Jesús estaba en oración. Y es que cuando uno se abre a Dios, eso es la oración, Dios se da por entero. No lo olvidéis, cuando nos abrimos a Dios, Él se nos da entero.
Alguno de vosotros me decía que si los que os apuntabais a la confirmación ibais a ser como el comando cristiano del colegio. No lo sé, pero de serlo, hay que serlo al estilo de Jesús.
Como nos ha dicho el texto de Hechos de los apóstoles lo que la gente recordaba de Jesús es que” pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él”. De ser un comando, que sea “el comando de las personas que hacen el bien”. Es así como se transforma el mundo, es así como se construye el Reino de Dios. También Dios está con nosotros. En el bautismo recibimos el Espíritu de Jesús.



























