COMENTARIO a la PALABRA DOMINICAL – Anjelmaria Ipiña

Domingo cuarto de Adviento

Abrirse a la vida desde las entrañas

Hay en España, en León, una basílica dedicada a la Virgen del Camino. Me parece que es un modo muy adecuado de denominar lo que fue María: una mujer en camino.
María tuvo que recorrer muchos caminos físicos. Hoy le vemos en camino hacia la casa de su prima Isabel. Pronto le veremos en camino hacia Belén, acompañando a su esposo José. Le veremos en peregrinación hacia Jerusalén, cuando Jesús todavía comenzaba su adolescencia. En camino tendrá que ponerse en más de una ocasión cuando le llegan noticias de que Jesús, su hijo, puede que esté perdiendo la cabeza por las cosas que dice,… En camino le veremos camino de la cruz. ¿Con qué actitud recorrería María estos caminos? Estamos finalizando el año, tiempo de hacer balance. No está de más que me pregunte qué caminos suelo transitar habitualmente y con qué actitud los recorro.
María tuvo que transitar por caminos interiores. Dios no la dejaba quieta. Se empeñó una y otra vez en que saliera de sí misma, reservando siempre el corazón, donde ella guardaba todo lo que no era capaz de comprender. Pero Dios le hizo ir siempre más allá de sí misma. La creyente, es así como la llama su prima Isabel, tendrá que acoger en la fe las promesas hechas desde antiguo al pueblo elegido: ser la madre del Mesías-Salvador. María, la que no conocía a varón, tendrá que acoger en la fe el misterio de ser madre y recorrer el camino de la maternidad como cualquier mujer galilea. María, la que había despertado en Jesús la d4apasión por YHWH, tendrá que aprender a ser discípula del Reino que conduce a su hijo hasta la pasión. La vida de María fue un continuo acoger-consentir y desprenderse-renunciar. Todo en actitud de fe, desde el corazón. ¿Qué es lo que estoy dispuesto a acoger en mi vida? ¿A qué estoy dispuesto a renunciar? ¿Con qué actitud?
La actitud de María nos invita a nosotros a estar dispuestos a estar siempre en camino, en disposición de salir continuamente de nosotros mismos. ¿Para qué? La respuesta está en María.
El camino que recorrió María fue el del servicio: la que se supo sierva de Dios entendió que tenía que servir a los demás. La que supo ir más allá de sí ante la propuesta del ángel, fue más allá de su propia alegría, y de su
propia preocupación, al enterarse que su prima, la que se creía estéril, había concebido un hijo. María se abre a la vida, a la que empieza a prender es su seno y en la que ya salta de gozo en el vientre de su prima Isabel. Tal vez sea la dinámica más adecuada: abrirse a la vida desde las entrañas.

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