María, la llena de gracia (Inmaculada)

Aunque nos separen más de dos mil quinientos años del relato que hemos escuchado en la primera lectura, tomada del libro del Génesis, nos retrata muy bien lo que es la libertad vivida a medias, propia de todos los tiempos, y tal vez agudizada en nuestros días.

La libertad en sí misma no es mala. Es más, es la única manera que tenemos de constituirnos como seres humanos, desde la libertad. Los animales no son libres, están determinados, actúan guiados por los instintos.

Hay una forma muy simple de entender la libertad: aquella que se define como la capacidad de elegir. Y es cierto, eso es la libertad; es cierto, pero incompleto.

Nuestra libertad no se reduce a las elecciones y a los actos que se derivan de ellas, sino también a sus consecuencias, sean positivas o negativas. De esas consecuencias somos responsables nosotros. No hay libertad sin responsabilidad.

Se suele decir que los primeros capítulos del Génesis son relatos populares al servicio de la teología. Es cierto. Pero también, y sobre todo, de la antropología. Es decir, nos ayudan en la comprensión de Dios, pero también nos ayudan a comprender cómo somos las personas.

El relato que hemos escuchado es real como la vida misma. Eva, en el ejercicio de su libertad, acepta la propuesta de la serpiente. Adán, en el ejercicio de su libertad, acepta la propuesta de Eva. Ambos, libremente, han decidido desobedecer a Dios.

Cuando Dios se acerca a ellos, como lo había hecho siempre, se ocultan. Empiezan a temer a Dios o a avergonzarse ante él. Sobre todo, no quieren asumir el precio de la libertad, no quieren cargar con la responsabilidad.

Es curioso el desarrollo del diálogo. Dios interpela a Adán. Adán culpa a Eva (y casi a Dios por haberla creado). Dios interpela a Eva. Eva culpa a la serpiente (y casi a Dios por haberlo creado). La serpiente ya no es interlocutora para Dios ni ésta tiene a quien echar la culpa. Esta es la lección antropológica: la dificultad que tenemos para asumir la inseparabilidad del binomio: libertad-responsabilidad. Libertad sin responsabilidad es una libertad vivida a medias.

Por otra parte, el relato del Génesis nos muestra la tentación permanente de la Humanidad: vivir al margen de Dios o pretender ocupar su lugar. “Seréis como dioses”, son las palabras mágicas para que Eva acceda a la propuesta de la serpiente.

Vivimos la paradoja de que con la Modernidad la persona se ha “endiosando”, haciendo más “dueña” de todo lo creado gracias a los avances científicos y, posteriormente, tecnológicos, pero, eso no quiere decir que la persona se haya hecho más dueña de sí misma, ni de su libertad ni de su responsabilidad… El paso al antropocentrismo y la emergencia del subjetivismo no han hecho que la persona sea más dueña de su propia historia. Por otro lado, el prescindir de Dios no le ha hecho ni más autónoma ni más solidaria.

mariaEn María se nos revela que la persona puede ser dichosa, plenificada, agraciada, precisamente al fiarse de Dios y no percibirlo como enemigo de lo humano.

La de María es una confianza responsable. No acepta sin más ni más la propuesta que Dios le hace. María pregunta. Porque la propuesta que le hace Dios le parece imposible (como a nosotros en nuestra incredulidad su Inmaculada Concepción). María es consciente de las consecuencias de su respuesta. Sabe lo que significa ser madre soltera en aquel contexto social (sabemos lo que eso significaba entre nosotros, hasta no hace mucho tiempo).

Porque lo hace desde la responsabilidad, la respuesta de María es mucho más valiosa: “He aquí la esclava del Señor”.

La serpiente engañó a Eva, que a su vez engañó a Adán. El doble engaño condujo a ambos a la desobediencia. En el Antiguo Testamento la desobediencia es la razón última de los fracasos históricos del pueblo elegido. Cuando, por el contrario, se fía de Dios tiene ante sí un amplio horizonte de plenitud.

Fue la opción de María, lejos de apartarse de la voz de Dios, en libertad la escucha, en responsabilidad la acoge, y de su seno nacerá el que es la Plenitud de lo humano, el que es la Plenitud de la Vida. María, la llena de gracia.

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