Domingo primero de Adviento
Se acerca vuestra liberación
(Esta reflexión hay que entenderla dentro del contexto de nuestro arciprestazgo, en el que hemos optado por abordar uno de los objetivos diocesanos -“reconocer a los pobres el lugar evangélico que les corresponde en nuestra vida y en la comunidad cristiana”- desde la perspectiva del año de la fe: la realidad social nos interpela y se nos hace oportunidad-exigencia para renovar nuestra fe personal y comunitaria. El lema elegido para todo el adviento es ILUNPETAN ARGI-LUZ EN LAS TINIEBLAS. Este domingo queremos iluminar evangélicamente una realidad muy concreta, la relacionada con la salud. Somos conscientes de que en estos casos hay que “forzar” un poco la Palabra de Dios, que sea para el bien de la Comunidad.
Este adviento queremos priorizar el silencio frente a la palabra, queremos celebrarlo en
dinámica de interiorización: interiorizar la realidad social de la que formamos parte; interiorizar la realidad de los prójimos concretos con los que nos relacionamos cada día y la situación en la que se encuentran; interiorizar cuál es nuestra propia realidad personal, solo así nos pondremos en camino de conversión, e interiorizar, sobre todo, la Palabra de Dios. Ella es la que ilumina las tinieblas de nuestro mundo, ella es la que ilumina las tinieblas de nuestra vida).
El tema de nuestra reflexión de hoy es la salud. Es bueno que distingamos el derecho a la salud del derecho a la asistencia sanitaria.
La primera reflexión es para los adolescentes que hoy nos acompañáis. El derecho a la salud no se puede asegurar, pero sí que se pueden poner unos medios a nivel personal con hábitos de vida saludable: alimentación adecuada, equilibrio entre trabajo y ocio, evitar una vida sedentaria,… También lo podemos reivindicar a nivel social, por ejemplo, pidiendo que se paralice una central nuclear que tenemos a menos de 70 km., oponerse al fracking, que parece amenazar a nuestra provincia… pero, sin caer en la contradicción de reivindicar todo eso y hacer un uso indiscriminado del teléfono móvil, del ordenador y de otros aparatos electrónicos, que también produce la muerte, sobre todo en el Congo, dueño del 80% del coltán, mineral necesario para su fabricación, y probablemente por ello en guerra silenciada por los medios de comunicación, y denunciada por instituciones vinculadas a la Iglesia Católica. ¿Esto tiene que ver con nosotros y nuestra sociedad? Todo. Quien no lo vea así, que deje resonar en tu interior las palabras de Jesús: “Tened cuidado: no se os embote la mente…Estad siempre despiertos”.
La segunda reflexión es para los adultos. No podemos reivindicar el derecho a la salud, pero sí el derecho a la asistencia sanitaria para toda persona, ya que es uno los derechos humanos reconocidos en la Declaración universal. Reivindicarlos para todas las personas. Para los de aquí y los de allá; y dale gracias a Dios si eres de aquí y, todavía, no te has tenido que desplazar. Reivindicarlos para todas las personas. Si tienes trabajo, dale gracias a Dios, porque tienes dos en uno: trabajo y asistencia sanitaria. Reivindicarlos para todos. ¿También para las personas recién llegadas, que no tienen ni papeles? Sobre todo para esas personas, que es muy probable que hasta ahora les haya sido conculcado este derecho. ¿No lo ves claro? Deja resonar en tu interior las palabras de Jesús: “Tened cuidado: no se os embote la mente…Estad siempre despiertos”..
Tercera y última reflexión para todos. Tal vez alguno pueda pensar: “¿pero no íbamos a reflexionar sobre nuestra realidad más cercana?”. Lo hemos hecho, nuestra realidad más cercana es toda la humanidad, que con la crisis económica “no se nos embote la mente”, que no volvamos a caer en la tentación de despreocuparnos del 80% de la Humanidad, sería tremendamente injusto. Pero si alguien quiere algo más concreto: cuando escasean los recursos, los pocos que haya los tenemos que repartir entre todos, sin dejar a nadie fuera, aunque para ello a mí me toque a menos.
Jesús vino a traer la salud/salvación para toda la humanidad. Para toda. Ayuda a que se haga verdad la Palabra de Dios que nos ha dicho: “alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación/salvación/sanación”.



























